Elecciones

Que las elecciones sucedan y sucedan bien es lo más importante. El solo hecho de que no exista en el país una sola corriente política significativa que no proclame que la única vía legítima para arribar a los cargos de gobierno y legislativos es la electoral, es por sí un basamento fundamental de convivencia, y una fórmula, una convicción y un compromiso que deben refrendarse y fortalecerse.

Son cientos de miles de ciudadanos que tienen la tarea de recibir y contar los votos. El 30 de junio en la noche, en el norte y el sur, en las montañas y en los valles, en las ciudades y las rancherías y pueblos, todo el material necesario para celebrar la elección estará en las casas de los más de 140 mil presidentes de las mesas directivas de casilla. En los días previos, los vocales de organización de las Juntas Distritales Ejecutivas de los 300 distritos y sus equipos habrán distribuido a lo largo y ancho del territorio nacional los implementos necesarios para que los más de 79 millones de ciudadanos inscritos en la Lista Nominal puedan sufragar.

El día de la elección, todos los presidentes de las mesas directivas de casilla cumplirán con su misión, acompañados por el resto de los funcionarios -secretario y escrutadores-, vecinos de la sección como ellos, e igualmente sorteados y capacitados -más de 900 mil con todo y suplentes-, y los representantes de los partidos. Entre todos habrán instalado la infraestructura que hace posible que los ciudadanos voten.

Éstas y otras reflexiones corresponden a uno de los personajes más emblemáticos del asunto electoral en la historia moderna del país. El académico mexicano José Woldenberg, además, en vísperas de esta oportunidad descarta que exista posibilidad alguna de fraude en las elecciones presidenciales. No existe, pero lo irritante es que a estas alturas no falten quienes sigan explotando ese espantajo, ha remarcado el que fuera presidente del Instituto Federal Electoral en las elecciones del 2000 que abrieron la alternancia en la Presidencia de la República.

En su opinión, las primeras acciones que se esperan del nuevo presidente de México, serían una toma de posesión sobria, un llamado a la reconciliación, y el anuncio de un combate frontal a la desigualdad que modela al país.