Electricidad: pérdidas multimillonarias

Las dos grandes empresas estatales de electricidad, que pudieran ser altamente rentables, pierden más de 124 mil millones de pesos al ano por robo de energía, tomas clandestinas, errores o alteración de facturación, manipulación de medidores y subsidios.

De acuerdo con datos tomados de los anexos al quinto informe presidencial, la Comisión Federal de Electricidad percibe sólo 115 mil 654 millones de pesos de un estimado de 129 mil 366 millones, lo que significa una pérdida de 13 mil 712 millones, es decir, el 10.6%.

En la Companía de Luz y Fuerza del Centro las pérdidas arrojan 29.39%, pues en lugar de 34 mil 575 millones de pesos obtiene 24 mil 414 millones, una diferencia de 10 mil 161 millones de pesos.

Esta escandalosa merma en los ingresos de las dos empresas no tiene paralelo en la industria eléctrica mundial y explica en parte la precariedad de los estados financieros de ambas companías, que en los próximos anos enfrentarán una insuficiencia para atender la creciente demanda de energía por falta de inversiones en nuevas plantas de generación. La perspectiva de escasez de electricidad es uno de los factores que detienen la inversión extranjera en México.

Adicionalmente, el gobierno federal transfiere a las empresas 29 mil millones de pesos por concepto de subsidios para compensar las tarifas deficitarias.

La corrupción tiene su parte también en la instrumentación de fraudes contra las empresas, pues sus empleados sirven a algunos de los 27.8 millones de usuarios manipulando los medidores de vatios o disimulando las acometidas irregulares y las tomas clandestinas, muchas de ellas a la vista pública, pero hay también sistemas para sustraer más energía de la que se registra en fábricas y residencias, o inclusive conexiones que disfrutan de la electricidad sin pago alguno.

Muchas nuevas unidades de viviendas de interés social pasan cierto tiempo sin que les sea cobrada la luz, aun subsidiada, y los sistemas comerciales para la supervisión del registro de los consumos y su correspondiente facturación no están a la altura de las necesidades. Ninguna empresa puede mantenerse a flote, menos progresar, con tal magnitud de fugas económicas.

Los trabajadores desleales no advierten que, además de cometer un delito contra su fuente de trabajo, están atentando contra sus propios intereses vitales y de la sociedad en general; al mismo tiempo los administradores no modernizan sus sistemas de operación ni mejoran sus métodos de inspección y de supervisión para eliminar las pérdidas.

Mayor rigor será necesario de parte de la Cámara de Diputados para llamar a cuentas a los responsables y demandar medidas efectivas e inmediatas para resolver un problema que ya tienen muy detectado. Por lo que involucra a los trabajadores, convendría recordarles lo que es una empresa estatal y sus deberes y obligaciones para con ella.

Ciertamente, antes de abrir las puertas a la inversión privada y extranjera en los campos de energía podemos hacer un válido intento para el funcionamiento correcto y ordenado de las empresas en beneficio de sus resultados contables. El problema no es que falten recursos, sino que no se saben captar, o se tolera el medro indebido.

La negligencia, la comodidad, el lucro prohibido, se agazapan con frecuencia detrás de situaciones que no son solamente graves por el monto de lo perdido, sino por el ejemplo de irresponsabilidad e indiferencia que muestran. La energía eléctrica es vital para el desarrollo nacional en todos sus aspectos, residencial, industrial y comercial. Es urgente que todos los sectores sociales tomemos plena conciencia de esta problemática y actuemos en consecuencia. (El Universal)