Extraviadas, robadas, compradas o cambiadas, el estado de Chiapas tiene un panorama grave respecto a la situación de las niñas y adolescentes. De acuerdo a la psicóloga de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Nadia Constantino, la persistencia de las uniones forzadas, la falta de concientización y acceso a métodos de planificación familiar en comunidades ha acrecentado esta problemática.
“Particularmente el estado de Chiapas tiene una situación muy marcada con las niñas y adolescentes, las uniones forzadas son un problema que no es novedoso, no empezó ayer y tiene raíces históricas muy profundas, basadas en la estructura y en la forma de organización de las mujeres, pues son la última consideración de Derechos Humanos en las comunidades”, expuso.
“Cuando no hay canales de diálogo, de negociación, ni de interlocución en buscar una vida familiar armónica, la violencia se recrudece y se reproduce”, puntualizó.
Y subrayó que este problema tiene un vínculo muy importante con la desigualdad, ya que genera brechas de poder entre las personas.
Reporte
De acuerdo a la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), Estado de México, Chiapas y Veracruz son las entidades con mayor cantidad de madres de entre 12 y 17 años. En estos tres habita una de cada cuatro madres adolescentes.
Y de acuerdo al censo poblacional de 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 11 mil 338 adolescentes chiapanecas de entre 12 y 17 años están embarazadas o ya tienen hijos; siendo el único estado que presentó un aumento de 3.4 % con respecto al censo pasado.
Sin embargo, la psicóloga Constantino explicó que las encuestas que ofrece el Inegi tienen rangos de edad que hacen muy difícil rastrear la información; pese a ello, dijo que hay estimaciones que 24 de cada 100 chiapanecas, de poblaciones donde habitan menos de dos mil 500 personas, se unen a una edad menor de 18 años.
Situación
Al menos el 40 % ya tienen un hijo, lo que dijo, “nos conlleva a una situación compleja de salud física, emocional, mental y que nos trae como consecuencia problemas como embarazos complicados, muerte materna e infecciones de transmisión sexual”.
Subrayó la falta de acceso a servicios de salud en estas zonas. “Aquí en el área metropolitana y algunas cabeceras es común que en los centros de salud regalen preservativos o se realicen campañas de planificación familiar, algo que difícilmente vamos a observar en las comunidades con estas características”.
Por una parte, el Redim recomendó el reconocer los vacíos institucionales que existen para prevenir y atender el embarazo adolescente, especialmente en aquellas niñas de sectores sociales más vulnerados en el ejercicio de sus derechos.
Actualizar los programas de prevención y atención del embarazo adolescente, desde el reconocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos, e impulsar la participación infantil y juvenil en el diseño de los programas de prevención y educación sexual dentro del Sistema Educativo Nacional.
La psicóloga concluyó diciendo que al tratarse de un problema social y cultural, la primera línea de concientización debe de venir del área educativa gubernamental, con el análisis y propuestas de políticas que modifiquen los entes culturales.
Destacó como necesario que los maestros comunitarios realicen pláticas tempranas sobre los riesgos a la vida que representa tener un embarazo temprano y pidió más participación del sector salud.












