En el último año 7.6 % de las jóvenes de bachillerato en México se embarazaron. Su edad oscila entre los 15 y los 19 años de edad. ¿Qué pone a los jóvenes en la situación de desestimar los riesgos y los obstáculos que implica reproducirse tan joven? Es indispensable responder a esa pregunta, ya que las soluciones típicas como la existencia de información y las clases de educación sexual parecen haber sido insuficientes.
Suele darse por sentado que los estudiantes tienen hoy más herramientas para reducir la posibilidad de embarazos de las que tenían en 1990. Ha aumentado la apertura con la que se habla de sexualidad, el analfabetismo es menor al 10% de la población, en zonas urbanas el Internet se ha masificado, así como la información que se provee a través de los medios de comunicación. Además, la anticoncepción de emergencia fue incluida dentro del cuadro básico de medicamentos desde 2005. Con todo, la realidad es que el porcentaje de embarazos en mujeres menores de 20 años se mantiene en 18% -una de cada seis- desde 1990, hace dos décadas. ¿Porqué?
De acuerdo con la Secretaría de Salud, 95% de las adolescentes conoce alguno de los muchos métodos anticonceptivos que existen. A pesar de ello, nueve de cada 10 tuvieron su primera relación sexual sin protección.
En respuesta a este serio problema el gobierno federal aumentó el presupuesto desde 2006 y hasta la fecha para la compra de anticonceptivos y para campañas de prevención. Ayer el Secretario de Educación anunció que promovería el uso del preservativo en preparatorias. Son medidas necesarias, pero podrían ser pasos en la oscuridad si no se conoce primero las motivaciones psicológicas y sociales que llevan a los menores de edad a tener sexo sin protección a pesar de conocer los métodos para prevenirlo.
¿Tiene que ver la cultura machista con la renuencia a usar preservativo? ¿Es el influjo de la religión? ¿Desestiman los jóvenes los riesgos por alguna razón generacional? ¿Es la soledad? ¿El alejamiento familiar? ¿Es el autodesprecio o el desprecio del otro? Sólo podemos saber que la falta de control de las mujeres sobre su propia sexualidad y la irresponsabilidad masculina en la paternidad son indicadores del atraso cultural en el que se encuentra nuestro país. Es clave atender con oportunidad estas interrogantes porque de lo contrario tendremos una política más bordada sobre buenas intenciones pero estéril en sus consecuencias. (El Universal)











