En busca de refugio en México

La joven de 23 años viaja en compañía de su pequeño hijo de tan sólo dos años. José Ortega / CP
La joven de 23 años viaja en compañía de su pequeño hijo de tan sólo dos años. José Ortega / CP

Tania Bonilla busca en México la oportunidad de una nueva vida y con ello proteger su integridad y la de su hijo, pues asegura que en Honduras, su país de origen, es víctima de amenazas por parte de pandilleros.

La madre soltera de 23 años comenta que busca emplearse en una ciudad del norte de México y así salvaguardar su vida y la de su hijo de dos años, pues fue testigo de un homicidio y la pandilla de asesinos la amenazan con matar a su hijo frente a ella y después asesinarla.

Cuando Tania tenía dos años de edad, su padre fue asesinado y su madre la dejó en el abandono, pues emprendió una nueva vida junto a una nueva pareja.

Al paso de los años pudo vivir en una posada en donde se dedicaba a la venta de alimentos y obtenía los ingresos mínimos para solventar sus gastos.

En el año 2020 logró llegar a Ciudad Juárez, Chihuahua, en donde comenta que su condición de centroamericana la convirtió en víctima de secuestro por parte de grupos delictivos, por lo que estuvo alrededor de un mes y medio cautiva, y cuando pudo escapar regresó a Honduras.

En el mes de septiembre de 2020, Tania Bonilla expuso su situación ante las autoridades de Migración en la ciudad de Tapachula, las cuales le ofrecieron otorgarle un permiso, pero esto no sucedió y fue deportada a Honduras.

Envuelta de nueva cuenta en la desesperación de estar en su país, pero sin ingresos y con su hijo de tan sólo dos años, decidió emprender un nuevo viaje con destino a Juárez, pero esta vez fue asegurada en Tuxtla Gutiérrez, en donde pide ser considerada para obtener la documentación que le permita mantener su estancia legal.

Comparte que a pesar de los problemas de inseguridad que vivió en la ciudad del norte, prefiere regresar, ya que allá hay algunas personas que le han apoyado, incluso en su momento le prestaron departamentos para que ella y su hijo pudieran vivir.

Sostiene que se regresó a Honduras porque la policía ni los albergues de Juárez les brindaron garantías de seguridad.

“Lo que quiero es que me den un permiso para que me dejen trabajar en México, o si no puedo, pues tendré que regresar a mi país y que sea lo que Dios diga”, concluye.