Aunque no ha regresado después de nueve años en que apareció en las Islas Marshall, luego de permanecer a la deriva durante 438 días en el océano Pacífico, en esta comunidad perteneciente al municipio de Pijijiapan, en la C
costa de Chiapas, es recordado con cariño el salvadoreño Salvador Alvarenga, el pescador cuya historia asombró al mundo.
“Se le recuerda con cariño, dejó buena imagen, es una buena persona”, dijo el lanchero Andrés Rosas Cota, quien lo conoció y trató como casi el resto de los pobladores de Chocohuital, uno de los destinos de playa más visitados en la zona.
Acompañado por Ezequiel Córdova, el 17 de noviembre de 2012, Alvarenga se hizo a la mar en una pequeña embarcación para ir a pescar tiburones, a pesar de que había pronósticos de tormenta. En pleno mar se descompuso el motor, lo que imposibilitó su regreso. Así que después de un tiempo razonable, en la comunidad a la que llegó como migrante a establecerse, le hicieron el novenario de rezos, pues lo daban por muerto.
Sin embargo, el 30 de enero de 2014, unos 14 meses después de haber partido, apareció en las Islas Marshall, con el cabello y la barba largos, y hasta con dificultad para hablar y sostenerse en pie. A su regreso a Chocohuital, a principios de marzo de 2014 -la última vez que estuvo aquí-, contó que logró sobrevivir comiendo pescado crudo, tortugas, pájaros, agua de lluvia y su propia orina. Su acompañante Ezequiel, del vecino ejido El Fortín, murió cuatro meses después porque se negó a consumir esos alimentos.
Elí Marconi Reyes López, hondureño radicado en esta localidad desde hace 16 años, comentó: “Lo conocían todos en la ranchería. Ya no regresó. La última vez fue cuando vino a ver a los familiares” de Ezequiel, en marzo de 2014. “Le perdimos la pista. Sólo sé que está en Estados Unidos”, compartió.
En entrevista, remarcó: “Lo que se sabe de él es que está en Estados Unidos. A cada rato lo entrevistan. Por internet lo miro cuando lo entrevistan y dice que le han puesto un detector de mentiras, porque muchos se preguntan qué pasó con su compañero (al principio hubo versiones de que se lo comió) y él dice que lo anduvo varios días muerto en la lancha, pero al no aguantar el mal olor lo echó al agua”.
Recordó que Alvarenga, conocido aquí como “la Chancha”, se dedicaba a la pesca todo el tiempo. “Se iba con su lancha, llevaba alimentación y a los tres días venía de regreso con su producto. Se acababa el dinero y volvía a agarrar su lancha. Esa era su vida”.
Agregó: “Que sepamos, no tuvo mujer ni hijos, todo el tiempo anduvo con sus compañeros, tomando. 18 años vivió aquí. Llegó muy joven y en su país fue pescador desde niño. Si no había producto en Chocohuital se iba a Paredón (del vecino municipio de Tonalá), y cuando se acababa allá, regresaba”.
Reyes López señaló con su índice a su costado: “En esa palapa se la pasaba. Ahí comía y dormía. Usaba la visera de la gorra por un lado. Fue sorprendente que apareciera con vida después de 14 meses. Cuando apareció todo mundo venía a la comunidad. Ahora ya nadie se acuerda, pero aquí sí lo recordamos”.
Rosas Cota expresó que un grupo de personas católicas “le hicieron todos los rezos en la palapa en la que rentaba, pero a los 14 meses salió bien barbón en la televisión”.
Entrevistado mientras hacía un recorrido turístico en su lancha sobre el estero Chocohuital, de donde zarpó el salvadoreño, dijo que “cuando lo dieron por muerto vinieron tres mujeres a reclamarle al patrón de ‘la Chancha’, diciendo que eran sus esposas, pero él les dijo que nunca le conoció mujeres”.
Expresó que “cuando no salía a pescar venía a relajear con la plebe. Todo el mundo lo conocía, pero como ya se olvidó el caso, aquí no sabemos cómo pasó a Estados Unidos. Nunca fue un problema aquí. Nunca se peleó ni agredió a nadie, aunque echaba su trago. Era una persona como pocas”.
Lancheros desde hace 35 años reiteraron que a Alvarenga “se le recuerda con cariño, dejó buena imagen; es una buena persona”.
Abundó: “‘La Chancha’ llegó con una lancha que trajo de Puerto Madero (ahora Puerto Chiapas), a pescar tiburón. Rodrigo Vargas, ya finado, tenía varias lanchas y le rentó una palapa. Cuando se retiró y vinieron otras lanchas de Paredón, ya se quedó en Chocohuital hasta que naufragó. Andaba con un amigo que le decían ‘Bin Laden’. Sacaban hasta una tonelada de tiburón”.
Concluyó: “Pero qué suerte que un hombre sobreviva después de 14 meses a la deriva en el mar. Sí, aquí le rezaron, pero ¡cómo es la vida!, cuando a uno le falta tiempo lo tiene que completar y ese es el caso de ‘la Chancha’”.












