En contra de la narcomanipulación

"La pesadilla se vuelve realidad: cada vez son más las referencias a las formas en las que el narcotráfico pretende imponer su ley en la sociedad, la que, por desgracia, le responde favorablemente. Hay que detener esta tendencia.

Ya no sólo mata con sana a sus rivales de cártel, fomenta el consumo de drogas entre los jóvenes, asesina periodistas, compra políticos, sino que ahora, con su vasto poder adquisitivo, logra movilizar sectores sociales enteros para protestar por asuntos tan peculiares como el retiro de los militares de algunos estados de la República.

Se ha documentado que el pasado 12 de noviembre el cártel de Sinaloa logró reunir a 3 mil personas, pagándoles entre 500 y 2 mil pesos a cada una, para armar una marcha en contra de la presencia militar en Culiacán. Tal ""arrastre"" no lo tiene ningún partido político local. ""Que se vaya el Ejército. No vigilancia. No aparatos de seguridad. Alto a la militarización del país"". Qué conveniente.

No hay que dejarse enganar ni permitir que avance la descomposición del tejido social que pretende controlar todos los aspectos de la vida en el país. Que funcionen este tipo de manipulaciones habla muy mal de aquellas sociedades susceptibles de ser compradas.

El caso revela, además, que en los operativos de combate al narcotráfico que emprendió el Ejército desde hace un ano hay tanques y metralletas que efectivamente han golpeado a la industria del narcotráfico, pero hace falta más. El trabajo de inteligencia militar para detectar este tipo de manifestaciones, pretendidamente políticas, es una parte encomiable; hace falta seguir más por ese camino para no sólo atajar las redes de distribución de droga sino el destino del dinero del narco. La lucha contra los cárteles debe diversificarse, porque el enemigo no deja de buscar alternativas.

La corrupción de las autoridades se traslada ahora a la sociedad. Mucho se ha hablado en el primer caso de que las malas condiciones de los cuerpos policiacos en cuanto a retribuciones, capacitación y falta de rendición de cuentas propician que los policías caigan en las redes del narco. Bueno, lo mismo puede aplicarse al caso que nos ocupa en esta ocasión.

Mientras mayor sea la precariedad en las condiciones de vida y menor la educación que recibe, más vulnerable será ante la persuasión económica del crimen organizado. El reclutamiento que los delincuentes hacen de nuevos cuadros en todos los ámbitos, ahora en el político, inicia desde la falta de actividad productiva en la economía y desde el cultivo del pensamiento de quienes son seducidos para integrarse a sus filas.

zQué debe hacerse? Además de actuar con la fuerza en contra de las organizaciones criminales es urgente anticiparse a sus movimientos e integrar a la población en tareas sociales, de esparcimiento y culturales -como ya hacen algunas autoridades para prevenir el reclutamiento de jóvenes por parte del narcotráfico en zonas urbanas-, y brindar así a las personas otras opciones, si bien tal vez no tan lucrativas, sí más dignificantes.

No estamos descubriendo el hilo negro. La estrategia de mantener ocupados en tareas honorables a los individuos susceptibles de ser influenciados por el crimen se hace ya por parte de organizaciones dedicadas a la prevención del delito y rehabilitación de reclusos en diversas partes del mundo. Los sermones oficiales por medio de spots no son suficientes.

El descubrimiento de esta modalidad de operación del narcotráfico nos recuerda que no basta con decomisos y retenes en carreteras. Las personas son lo más importante que el gobierno debe proteger, y para conseguirlo es necesario usar mucho más que armas. (El Universal)

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