"Jesús Belmont Vázquez/Corresponsal/México, D.F. * CP. La desatención federal a los problemas que aquejan a la frontera sur, pero sobre todo las marcadas diferencias entre las estrategias y programas que la Federación aplica para el norte en relación con aquellas que pone en marcha para el sur del país, han sido en parte detonantes para que los índices de inseguridad y criminalidad se acentúen en esta región.
Sin importar si se ubica al norte o al sur, cualquier frontera debe ser considerada asunto de seguridad nacional, pues representa ""la puerta"" de entrada, por llamarla de alguna manera, al entorno propio.
La frontera sur tiene una extensión de mil 149 kilómetros, mientras que la norte posee tres mil 153 kilómetros, pero no por ello el sur deja de tener menor importancia desde cualquier ángulo que pretenda ser visto.
Para el crimen organizado dedicado a la venta de narcóticos, tan importante es llevar su mercancía ilícita al principal mercado consumidor de drogas del mundo, que cruzar la frontera sur para transportar la cocaína que adquiere en naciones sudamericanas.
Coincidimos con el investigador Sergio Aguayo Quezada, quien en varias ocasiones ha manifestado que en la frontera sur el narcotráfico y el crimen organizado sí representan una amenaza a la seguridad nacional.
Aguayo Quezada, profesor-investigador de El Colegio de México, afirma que en el caso del narcotráfico y la delincuencia organizada se entra en un diagnóstico mucho más fino, y lo que pone en cuestionamiento es la estrategia del gobierno federal sobre el tratamiento al fenómeno de las drogas, pues considera que sirve más a los intereses de Estados Unidos que de nuestro país.
De cualquier manera, es una realidad que el narcotráfico se ha convertido en una severa amenaza para la sociedad mexicana, lo mismo en el norte que en el sur, los cárteles de la droga se disputan a muerte el control de las rutas para transportar narcóticos.
Los pagos de los derechos de paso y de piso son cuestión de vida o muerte entre las mafias de la droga. En este terreno tienen el control los grandes cárteles, pues si algún pequeno grupo de narcotraficantes pretende hacer su propio negocio, o se niega a pagar los narcotributos, simplemente es ejecutado.
En el norte los cárteles de Tijuana, del Golfo y de Juárez, cada uno por separado, funcionan como grandes centrales de abasto que se encargan de recibir la mercancía y de allí introducirla al mercado estadounidense donde ya cuentan con sus canales de distribución perfectamente organizados.
Aquel pequeno cártel no tiene otra opción que rematar la mercancía a la gente de los Arellano, de Osiel o de los Carrillo Fuentes, pues, además, carece de la infraestructura y protección policial con que cuentan aquellos.
Cuando la droga llega al norte al haber transitado por varios estados de la República, incluidos por supuesto los fronterizos del sur, ya tuvo que haber pagado los derechos de paso y de piso a los cárteles que controlen determinada zona, territorio o estado. Son ellos quienes tienen el control y no las policías.
Chiapas, Tabasco y Quintana Roo no están ajenos a este fenómeno criminal, pues como entidades fronterizas son plazas importantes para los grandes cárteles.
Las primeras dos entidades son disputadas por Joaquín ""el Chapo"" Guzmán -con la alianza del guatemalteco Otto Roberto Herrera García- y Osiel Cárdenas y sus Zetas, mientras que la región del Mar Caribe ha sido controlada desde tiempo atrás por el cártel de Juárez de los Carrillo Fuentes.
En Chiapas se ha detectado un creciente flujo de cocaína a través de varios puntos, siendo las principales rutas las redes carreteras de la Costa, Centro y Altos, así como la franja fronteriza y el traslado marítimo que realizan los balseros del río Suchiate.
Chiapas enfrenta el peligro latente que representa el hecho de que de ser un estado ""puente"" en el trasiego de importantes volúmenes de cocaína procedente de Colombia, pase a convertirse en una entidad consumidora.
Habrá que recordar que Chiapas fue la primera entidad en que se puso en marcha un programa piloto para la lucha contra el narcotráfico, siendo uno de ellos el sellamiento de la frontera sur.
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