La conocen los taxistas, los colectiveros; los policías se detienen y le dan la mano, la saluda el presidente de la ciudad, y entre tartamudeos y palabras, surgen las risas y carcajadas. La reconocen los entes políticos del palacio y el ayuntamiento, saben que si desean leer el periódico del día, pueden ir al parque central y comprárselo a Magdalena Hernández Rodríguez.
Ella, no sabe con certeza cuanto años tiene, hace mucho tiempo que perdió su acta de nacimiento, no tiene credencial de elector, ni documento en mano que le de alguna identidad oficial, pero tampoco hace falta, siempre porta una camisa, un chaleco encima de ella, un pañuelo rojo, pantalón de vestir, zapatos negros y una gorra que le dan una propia personalidad, mientras vende periódicos en las calles del centro de la capital.












