En justicia la forma es fondo

"La autoridad federal exhibe en conferencias de prensa a supuestos narcotraficantes sin considerar la seguridad o las implicaciones jurídicas de quienes son legalmente inocentes. Emplea declaraciones de delincuentes confesos como base de averiguaciones sin añadir pruebas tangibles. El gobierno federal defendió el empleo de esos recursos en comparecencia ante el Senado de la República. Se empeña en confundir acción con prevención, derechos humanos con ineficiencia, guerra con lucha.

Cuando la Secretaría de Seguridad Pública federal (SSP) y la Procuraduría General de la República (PGR) realizan detenciones y recurren a espectáculos mediáticos -sin realizar antes investigaciones sólidas- minan la credibilidad del Estado. Ya ha sucedido que al ""bombo y platillo"" de una detención sigue la penosa liberación del acusado por falta de pruebas. Imposible construir así un respeto a la legalidad.

La frase que refleja esta visión en materia de seguridad es: ""el fin justifica los medios"".

El presidente Calderón dijo en los Diálogos por la Seguridad que es un estorbo la exigencia de los jueces de estar presentes cuando un presunto criminal realiza una confesión. Se privilegia la posibilidad de meter a un culpable a la cárcel, por encima de prevenir que un inocente sea encarcelado con una confesión arrancada por medio de torturas.

Similar criterio aplica el gobierno Federal cuando limita el derecho de los ciudadanos a la transparencia so pretexto de cuidar la secrecía de las investigaciones judiciales. Se priva a los familiares de personas detenidas de consultar las razones por las cuales sus seres queridos fueron apresados.

La urgencia de dar resultados es mala consejera. Instrumentos que deberían ser excepcionales, como el arraigo, son cada vez más frecuentes. De 2007 a 2008, creció en 700 por ciento el empleo de esta figura jurídica muy cuestionada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Nunca es demasiado tarde para rectificar, para coincidir la ética con la fuerza, la acción social con la acción armada, el debido proceso judicial con el encarcelamiento de delincuentes. Pero primero los funcionarios federales deben romper uno de sus más grandes dogmas: confundir la crítica con la traición.

""Debatamos, pero de antemano les digo: no estoy de acuerdo"", fue, palabras más, palabras menos, lo dicho por el presidente Calderón cuando se le planteó legalizar las drogas en México. Así no se puede. Para pedir la unión de todos hay que saber escuchar. (El Universal)

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