"Indignados por las desventuras que padecen los trabajadores migratorios mexicanos cuando cruzan ilegalmente la frontera norte, no reparamos lo suficiente en los padecimientos de otros trabajadores que ingresan a nuestro país por el sur, también con destino a Estados Unidos. La mayoría son centroamericanos, aunque también hay asiáticos y angloparlantes de diversas nacionalidades.
El asesinato de un joven albanil, ocurrido en Tultitlán el pasado fin de semana, enardeció a los lugarenos que trataron de linchar a los culpables. La excusa fue que lo confundieron con un inmigrante sin documentación, como si ello bastara para dispararle.
El trágico incidente hizo aflorar una situación expuesta por El Universal desde hace dos anos, que sitúa a la encrucijada ferroviaria de Lechería como un punto de concentración de trabajadores migratorios extranjeros que pagan por ser encubiertos, alimentados y albergados mientras continúan su viaje. Casi medio millar de indocumentados permanecen en la escuela Reforma, en espera de un tren para partir al norte.
En ese centro de tráfico humano aflora la corrupción, de la cual se benefician polleros y policías; además de que hacen negocio los vecinos. Seguramente hay autoridades que se han hecho de la vista gorda todo este tiempo al ver que explotar a los indocumentados es un lucrativo negocio.
Se han hecho redadas y operativos que no erradican el problema de raíz y que sólo han servido para encarecer a los migrantes los ""servicios"", que la comunidad les ofrece o los oportunistas que sólo buscan estafar a los que desesperadamente buscan un futuro lejos de su casa y país.
Tampoco hemos sabido de acciones contundentes o denuncias enérgicas por parte de las comisiones de Derechos Humanos -ni del estado de México ni de la Comisión Nacional-, con lo que tácitamente avalan este comercio de personas que ahí ha estado, a la vista de todos, y que sólo ahora, cuando se salió de control el operativo del fin de semana, tiene la atención nacional encima.
El mal trato que aquí se les dispensa a esos migrantes debiera avergonzarnos del mismo modo que nos ofenden los abusos a que nuestros compatriotas son sometidos cuando buscan trabajo en el extranjero.
La corriente migratoria de trabajadores hacia el norte no se detendrá mientras allá encuentren trabajos mejor pagados que en sus lugares de origen. Esto es un problema regional y no sólo local. Por supuesto, el flujo debe ser vigilado de forma estricta para evitar que entre los trabajadores se incrusten terroristas o delincuentes. Pero mientras ello ocurre, estamos obligados a ser respetuosos con ellos.
Hay que conjurar de manera definitiva esta negra historia de Tultitlán y evitar que lleguen hasta el estado de México los migrantes ilegales. Pero, sobre todo, urge erradicar la cadena de corrupción que ha permitido que en este punto del país se cometan violaciones a los derechos humanos con la complicidad de las autoridades, para quienes la estación de trenes de Lechería, en Tultitlán, no es un problema, sino una fuente de ingresos. (EL Universal)
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