En los zapatos de la gente

"Más de hora y media duró el discurso que el presidente Felipe Calderón dirigió en una reunión privada a todos los integrantes de su gabinete legal y ampliado. En esta cita, un acto poco usual llevado a cabo en Palacio Nacional, el jefe del Ejecutivo federal exigió a todos los funcionarios públicos transparencia, honestidad y ""ponerse en los zapatos de la gente"" a fin de construir, dijo, un gobierno humano, sensible y eficiente.

Este llamado -que coloquialmente podría interpretarse como un regano o ""lectura de cartilla""- es oportuno y no sólo en la medida de que son numerosos los frentes que deben ser atendidos.

También lo es porque, tras ano y medio de haber comenzado, esta administración aún está a tiempo de construir el camino hacia sus más importantes metas: contribuir en la consolidación democrática de México, reposicionar al país en el exterior, frenar el embate del crimen organizado, mejorar la economía nacional, crear empleos, modernizar el sistema educativo, erradicar la pobreza y la desigualdad.

Más allá de la retórica, es deseable que el exhorto presidencial a ponerse en los zapatos del otro cale hondo dentro de nuestros servidores públicos.

Una mayor empatía de quienes administran el país para con los gobernados no brindaría, por sí sola, resultados ni mágicos, ni inmediatos. Sin embargo, podría abonar en un mejor entendimiento de las situaciones que enfrentan los mexicanos día con día.

Sin el ánimo de caer en dramatismos, valdría la pena, por ejemplo, que quienes deciden la política económica pensaran en los jefes de familia que cada final de quincena tienen que estirar el gasto para hacerlo rendir.

O que los encargados de la cuestión laboral recordaran no sólo los índices de desempleo, sino la cantidad de trabajadores sin prestaciones o que laboran en condiciones de inseguridad. O que los responsables de la educación, repararan en la formación que se está dando a las generaciones jóvenes, así como en el potencial -hasta ahora desperdiciado- de la ciencia y la tecnología nacionales. O que cada funcionario, en general, fuera consciente de la indignación y la desconfianza en las autoridades que despierta cada nuevo caso de corrupción.

""En este gobierno -declaró el Presidente en la citada reunión-, los problemas no se esconden ni se meten debajo del tapete, se enfrentan con los costos que tengan"". Ojalá que tanto esa actitud como el llamado a trabajar en equipo prevalezcan. (El Universal).

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