Las organizaciones que integran la campaña nacional “Sin maíz no hay país” se pronunciaron preocupadas por el control que tienen corporaciones transnacionales productoras de transgénicos como CropLife, Bayer-Monsanto, BASF, Syngenta y Corteva sobre los gobiernos, a propósito de la presión que ejerce Estados Unidos a México por los decretos de prohibición gradual del maíz transgénico y glifosato.
Mencionaron que la campaña se da después de que Estados Unidos planteara la controversia con México en relación con su decisión de no permitir el uso de maíz transgénico, a partir del Capítulo 9 del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), y que pretenda que México demuestre que el maíz genéticamente modificado (GM) es dañino para la salud.
Hicieron un llamado al panel de negociación mexicano a insistir en la necesaria protección de la biodiversidad de los maíces mexicanos y justificaron que desde hace 20 años se ha comprobado científicamente el riesgo que implica la liberación de maíz transgénico en el centro de origen y diversificación constante del maíz.
“Es urgente y necesario proteger la biodiversidad en general y, en particular, la de los maíces mexicanos a partir del principio precautorio, respetando los convenios internacionales, las leyes mexicanas y el Capítulo 24 del T-MEC”, señaló la campaña.
Lamentó que se siga demostrando que los intereses de empresas transnacionales no pueden estar por encima de los derechos humanos a la salud, a la alimentación y a un medio ambiente sano, de una población para la que, además, el maíz es tradición, cultura, alimento y cosmogonía.
“Nos preocupa que los gobiernos se dejen controlar por los mismos intereses de corporaciones transnacionales productoras de transgénicos. También es fundamental que el alimento principal de la población mexicana, la tortilla, sea sana, de buena calidad, hecha con maíces nativos o de maíz blanco no transgénico, y a un precio justo”.












