Aunque no se ha hecho público el presupuesto 2017 del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Chiapas, el cual podría quedar en 11 millones de pesos como el año pasado, los constantes recortes presupuestales desde hace dos años consecutivos podrían afectar las investigaciones de los distintos arqueólogos del país, atrasando el desarrollo cultural e histórico de los mexicanos.
Para los arqueólogos Alejandro Tovalín Ahumada y Eliseo Linares Villanueva, adscritos al INAH, la reducción del techo financiero ha ocasionado que los nuevos proyectos de estudios e investigaciones en distintas zonas arqueológicas sean detenidas, algo trágico ya que mucho del recurso humano e intelectual mexicano se ve estancado.
Existen proyectos de investigación en distintas zonas arqueológicas que implican gastos de decenas de miles de pesos hasta 400 mil, por poner un ejemplo. Los cuales se invierten en trabajadores técnicos (albañiles y peones), renta de equipos tecnológicos hasta personal especializado en un área científica, biólogos, lingüistas, etc.
“Lo importante es que tengamos la oportunidad, dentro del país, de generar conocimiento de difusión de todos estos trabajos, el INAH tiene esa obligación, pero se requiere de recursos para poderlo difundir. El problema es cuando no tenemos como hacerle llegar a la población y cumplir con algunas de las obligaciones de la institución.
Ante los constantes recortes al techo financiero este tipo de trabajos especializados se suspenden, y peor aún los nuevos proyectos no se echan andar. Esto origina también que grupos extranjeros, con capacidad financiera, estudie distintas zonas dejando que el conocimiento y nuevos descubrimientos no se queden en el territorio nacional.
Agregó que otra de las problemáticas es con los colaboradores en la investigaciones, quienes anteriormente se contrataban bajo la normativa del capitulario mil (salarios compactados), donde se creaba un relación laboral INAH-trabajador. Pero ante la falta de plazas de investigación, muchos de los investigadores se emplean bajo en esquema de prestadores de servicios profesionales.
“En 1980 aproximadamente habían mil 200 plazas de investigación, esto decreció a poco más de 880 de ellas hace 25 años y seguimos siendo los mismos. Si somos un país que pasó de 80 millones de habitantes a 120 millones, por obviedad necesitaremos más médicos, ingenieros e investigadores, pero uno se pregunta si crecimos 30%, porque perdimos cerca de 300 plazas de investigaciones”, detalló Tovalín Ahumada.












