Enciclomedia: una pantalla se apaga

En un mundo globalizado, nadie puede oponerse a la incorporación de nuevas tecnologías en nuestros procedimientos pedagógicos. El programa Enciclomedia, puesto en marcha hace dos anos, pretendía eso, aplicar herramientas de vanguardia en las aulas públicas. Hoy tal propósito languidece y está al borde de la desaparición, antes de lo cual alguien tendrá qué explicarle a la sociedad con claridad qué salió mal, quién es responsable de ello y cómo y cuándo será sancionado.

Enciclomedia es, en pocas palabras, una base de datos didácticamente disenada por científicos del ITAM y el IPN, creada a partir de los libros de texto gratuitos de quinto y sexto grados de primaria, para que a través de una computadora, maestros y alumnos puedan tener en su salón de clases, de manera digitalizada -en un pizarrón pantalla-, planes de estudios y textos de apoyo, videos y fotografías.

Fue una de las joyas de las que presumía el foxismo. Los legisladores al cambio de sexenio le escatimaron en el presupuesto recursos, no sólo para crecer sino siquiera para mantenerse. Dudan de su eficacia. La propia Secretaría de Educación Pública argumenta, sin detallar, que Enciclomedia no ha operado debidamente. A los proveedores del equipo operativo les fueron rescindidos millonarios contratos y reclaman ya indemnizaciones que, de proceder, el Estado tendrá qué pagar.

En medio de todo eso, la sociedad atestigua una lucha de poderes que no le rinden cuentas suficientes para hacerse una idea de los alcances pedagógicos de ese sistema y los métodos de evaluación que hoy cuestionan lo que ayer se festinaba. Tampoco sabe de qué otra manera se pretende introducir nuevas tecnologías en la ensenanza de las escuelas públicas del país, porque en las otras, en las privadas, la digitalización del conocimiento es un hecho.

La incertidumbre legislativa para la autorización de Enciclomedia no aclara si, una vez comprobada la supuesta ineficacia del proyecto, éste tiene posibilidades de rehabilitación, o si de plano se apagarán las pantallas. En suma, se negocia con los dineros públicos desde la opacidad, sin considerar que la ciudadanía tiene derecho a saber, con nombre y apellidos, quiénes llevaron a la quiebra, si esto así fuera, un programa en el que se gastó tanto dinero público.

Responder esto no sólo servirá para saber qué pasó y qué pasa dentro de la Secretaría de Educación, sino para entender mejor cuál es la concepción del gobierno del presidente Felipe Calderón en cuanto al futuro de la educación en México.

Alumnos de excelencia en escuelas públicas -como Héctor Carrillo Escobedo, único nino del país que contestó correctamente toda la evaluación Enlace- siempre los habrá. Para el resto, para los que necesitan adquirir habilidades y conocimientos del siglo XXI, escatimarles herramientas y oportunidades futuras por posibles malos manejos administrativos o peor por jaloneos partidistas, como el de los legisladores de oposición que plantaron al Presidente por minucias protocolarias, no ayudan a lo que necesitamos: que los buenos estudiantes no sean la excepción, sino la regla, con o sin pizarrones digitales. (El Universal)