"Este martes en la noche debatirán ante las cámaras de televisión, cuatro de los cinco candidatos a la Presidencia de la República: Roberto Madrazo, del PRI-PVEM; Felipe Calderón, del PAN; Patricia Mercado de Alternativa Social Demócrata y Campesina, y Roberto Campa, de Nueva Alianza, dos nuevas organizaciones políticas. El quinto candidato, Andrés Manuel López Obrador (del PRD-PT-Convergencia) desdenó el encuentro por considerar que le significa más riesgos que ventajas.
El llamado debate, aunque en rigor el de hoy no lo sea, es un muy útil instrumento para que una buena parte de los potenciales electores tengan oportunidad de conocer a los candidatos a la luz de su ideario, el orden de prioridad que dan a los problemas, los modos en que los afrontarían, de llegar a Los Pinos, y en general sobre el concepto de país que tienen en sus aspiraciones.
El de hoy será un programa de presentación de opciones, más que de confrontación de réplicas y contrarréplicas, por eso no puede ser propiamente un debate, puesto que el formato logrado fue el único posible por las actitudes excesivamente protectoras de cada candidato asumidas por sus partidos.
El debate parece estar dirigido a 35% de los ciudadanos que han declarado en las encuestas que todavía no han decidido por quién van a votar, y en quienes teóricamente está el resultado final de los comicios.
Los candidatos tendrán, pues, una oportunidad dorada para mostrar el lado inteligente de la política, con ideas y propuestas imaginativas, conciliadoras e incluyentes. También para cerrarle el paso a la denominada ""guerra sucia"" que inhibe la participación ciudadana, de acuerdo con lo expresado por la titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales (Fepade), María de los Angeles Fromow.
La recomendación debería ser tomada en cuenta sobre todo por los candidatos de los partidos más fuertes, que deben renunciar a la ""guerra sucia"" para dar lugar al acercamiento respetuoso de sus ofertas a los votantes.
Hasta ahora, las campanas han sido una exhibición penosa de malas artes desplegadas en declaraciones agresivas o provocativas, trampas y mentiras que circulan por internet y teléfonos celulares, documentos anónimos, rumores y propaganda audaz, posiblemente ilegal.
La estrategia ha sido atribuir miserias al adversario, no ostentar las propias galas. El resultado es tóxico para el ambiente electoral. Todos somos responsables de velar por que el desarrollo del proceso electoral sea ordenado, pacífico y legal, aceptable para todos.
El debate es un momento destinado al análisis de la situación nacional y para presentarles propuestas a los mexicanos, fincadas en la realidad y en su viabilidad.
De la inteligencia y moderación de los candidatos depende un resultado exitoso que sirva para alentar la participación ciudadana y para liquidar las ""guerras sucias"", que radicalizan la discordia y fomentan las insidias. México ya no quiere más de lo mismo.
El objetivo debe ser vigorizar el sistema democrático, no desmantelarlo. (El Universal)
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