"El debate sobre la reforma energética va rumbo a su muerte antes, incluso, de haberse abierto una discusión seria y de fondo, teniendo como base una propuesta gubernamental. Nada. Esta falta de visión, a futuro, nos puede costar muy caro como país.
Parecían refrescantes y dignas de ser evaluadas propuestas como la planteada esta semana a nuestro país por el presidente de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva, quien ofreció una sociedad Petrobras-Pemex para intercambiar tecnología, información y procedimientos para el estudio, exploración y eventual explotación de petróleo en aguas profundas. Ambas empresas estatales, sin intervención de consorcios privados multinacionales.
En apariencia era una propuesta donde todos ganaban algo. Ganaba el gobierno federal al hacer avanzar nuestro esquema de producción energética. Ganaba la oposición política en México al conjurar la privatización de nuestro petróleo.
Sin embargo, no hubo oportunidad para conocer más detalles a fondo. La clase política mexicana está empenada en dejar a Pemex como está.
De entrada, el senador panista Juan Bueno Torio descalificó la oferta del presidente brasileno, por considerarla inviable tal y como está actualmente redactado el Artículo 27 constitucional. La diputada del PRD y presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, recomendó al presidente Felipe Calderón mejor ni enviar propuesta de reforma alguna, por no existir las condiciones propicias para un debate sereno, ante lo polarizado de las posiciones.
Incluso el líder nacional del partido del sol azteca, Leonel Cota Montano, haciendo a un lado su tradicional rechazo al PRI, dijo que buscaría acercamientos con la presidenta de ese partido, Beatriz Paredes, con el propósito de conformar un frente nacional en contra de lo que llama la ""privatización"" de Pemex.
Cierto, como dice Zavaleta: el clima está muy polarizado. No obstante, los temas trascendentes de este país debieran analizarse en la mesa de negociaciones, donde las razones y los argumentos derroten y echen para atrás iniciativas, no matarlas de antemano porque hay quienes están gritando muy fuerte en las calles y amenazando con inmolarse con costo a la paz pública.
No podemos rehuir el debate. Lo importante es ser receptivos y agotar las alternativas que tiene el país para destrabar su problema energético. A falta de una propuesta de reforma energética gubernamental es urgente tomar un punto de partida del debate -como esta iniciativa de Brasil- para quitar del camino el ruido ideológico ocioso. (El Universal)
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