Por su relación con el sistema vascular del cerebro, enfermedades como la hipertensión y el tabaquismo se han asociado con el incremento de casos de Alzheimer, sobre todo en países con alta incidencia de esos padecimientos, como el caso de México.
Lo anterior lo comentó la especialista en geriatría, Anamaría Rosales Vargas, al decir que el Alzheimer es una enfermedad neurocognitiva con un origen cerebral con repercusión global que genera afección de la cognición, alteraciones de la conducta y disminución de funciones motoras.
La enfermedad fue descrita en 1907 por primera vez; desde entonces es el trastorno neurocognitivo más común, causando entre el 60 y 80 por ciento de las demencias en la edad adulta. Se estima que hay un caso nuevo reportado cada tres segundos en el mundo, lo que lo convierte en una verdadera pandemia.
Por entidades federativas, los que registran mayor incidencia son Jalisco, Tabasco y Chiapas; aquí si bien no existe un registro exacto de personas que padecen Alzheimer, se sabe que hay una predisposición para una alta incidencia de demencias.
Esto se debe a que los factores de riesgos para el desarrollo de demencia en la edad adulta están muy presentes en la entidad, principalmente la baja escolaridad en adultos mayores y el poco control de las enfermedades crónico degenerativas.
Mencionó que desde hace dos décadas se ha estudiado este padecimiento en varios países y no se ha llegado a una única conclusión sobre los factores de riesgo. Hasta ahora se han establecido toda una serie de estos, que van desde proteínas que se lastiman a nivel cerebral como aspectos en el entorno.
El primer factor de riesgo para el Alzheimer es la edad, sobre todo en el caso de las personas adultas mayores que han tenido enfermedades crónicas que pudieron causar lesiones asociadas. Se sabe que la enfermedad aumenta con la edad.
Se estima que el cinco por ciento de los adultos mayores de 65 años presentan enfermedad de Alzheimer, pero en los mayores de 85 años la incidencia promedio es del 45 por ciento.
La prevención sí está en manos de cada persona, ya que lo importante es detectar los factores de riesgo presentes en su vida para cambiarlos, como la baja escolaridad. Se sabe que una persona adulta con menos de seis años de escolaridad es vulnerable a desarrollar una demencia; la hipoacusia, la disminución de la capacidad auditiva lleva al aislamiento y retracción cognitiva.
La depresión se considera un factor, el no tratarla de forma correcta puede generar a largo plazo una demencia. Se sabe que el 14 por ciento de los pacientes con depresión sufren problemas de memoria. Otros factores son la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo, ya que generan cambios en el cerebro.
Desde el 2012, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció que la demencia debe ser una prioridad de la salud pública, debido a que a nivel mundial se calcula que hay más de 50 millones de personas viviendo con Alzheimer y cada tres segundos se diagnostica un nuevo paciente.












