Enganados o sobrados

Algunos pagan por comprar los exámenes que les permitirán obtener un título. Otros, ya con el título en la mano, prefieren dejar pasar las oportunidades que el Servicio Profesional de Carrera (SPC) les ofrece en la administración pública. zSomos un país al que le gusta enganarse a sí mismo comprando grados escolares o nos sentimos tan sobrados de conocimientos y experiencia que podemos darnos el lujo de rechazar la conformación de un servicio público eficaz? En cualquier caso, estaríamos ante una laguna nacional que debe revertirse.

En el país se venden exámenes resueltos del Centro Nacional de Evaluación Educativa (Ceneval) para los aspirantes a bachillerato. Incluso el servicio se ofrece vía los correos electrónicos personales de los alumnos, quienes supuestamente entregaron sus datos a la confidencialidad de los evaluadores. Corrupción por donde se le quiera ver.

Alarma que nuestro sistema educativo sea tan poroso que permita la venta irregular de pruebas, que sólo darán como resultados profesionales sin preparación.

Y nos quejamos de que el país pierda competitividad en el concierto mundial de naciones y que no genere científicos o intelectuales capaces de soportar la enorme competencia mundial.

Enganarnos a nosotros mismos fingiendo ser bachilleres, licenciados, maestros o doctores no sólo lastima nuestra vida profesional, sino que rezaga al país justo cuando la globalización hace que los empleos y las oportunidades sean tan volátiles como darle un clic a la computadora. Hoy los puestos de trabajo no tienen patria, se los quedan los que se han tomado más en serio la educación de su gente; por ejemplo, los famosos BRIC (Brasil, Rusia, la India y China).

Cabe preguntarse qué tan alto en la estructura de la Secretaría de Educación Pública está la corrupción o la negligencia que permite la venta de exámenes.

Ahora bien, por paradojas de la vida los profesionales que ya están colocados en el servicio público tienden a rechazar el Servicio Profesional de Carrera, que permitiría mantener a los mejores hombres y mujeres en puestos públicos y evaluarlos en función de su excelencia y dedicación en el trabajo, y ya no más en función de amiguismos y compadrazgos.

De las ofertas de trabajo en el gobierno, 37% quedan vacantes. A nadie le interesa ir por ellas. zPor qué no quieren ascender? zNo tenemos suficiente gente con vocación de servicio? zSobran las oportunidades en el sector privado?

Ambos fenómenos -el de la venta de exámenes y el de las plazas en el SPC-, aparentemente inconexos, nos hablan de que algo estamos haciendo mal en la formación de nuestros profesionales, que deriva en una mala formación de cuadros y en una pésima estructura gubernamental.

Justo ayer que muere el filósofo francés Jean Baudrillard, quien postuló la sustitución de la realidad por una mala ficción en el mundo posmoderno, parece que México encajaría en su análisis a la perfección.

zTenemos la educación y el gobierno que nos merecemos? Eso parece. (El Universal)