Enganchados a las drogas

"El urgente y prioritario combate al narcotráfico olvida, sin embargo, una de sus vertientes más ominosas: la del consumo de enervantes dentro de nuestra sociedad. Por cada peso destinado a combatir las adicciones en México se gastan 16 en ámbitos policiaco-militares. Esta desproporción no reconoce que somos una nación crecientemente consumidora, además de padecer como espacio de tránsito y trasiego. Esto no puede ser ignorado.

Más que estadísticas, basta platicar con maestros, con padres de familia, ninos y jóvenes para darse cuenta qué tan disponibles se encuentran las drogas en sus respectivos entornos: escuelas, parques, lugares de convivio, antros para los mayores.

Y no se habla ya de mariguana y cocaína, sino de las metanfetaminas, las drogas de diseno, coloquialmente llamadas ""tachas"" y que lastimosamente son las más populares.

En los últimos 20 anos México ha pasado de ser el trampolín que surtía de drogas a la alberca estadounidense, y presentarse como víctima de la demanda del otro lado -agraviada además por la odiosa costumbre de Washington de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, y calificar unilateralmente a otros con certificaciones a modo-, a reconocerse incómodamente como un consumidor neto de estupefacientes.

Son crecientes los delitos vinculados a las drogas, y las estadísticas oficiales no reparan en dicho elemento. Hay asesinatos, rinas, asaltos, accidentes automovilísticos o de trabajo, pero suele ignorarse que en muchos casos están relacionados con quien ha consumido drogas o delinque para comprarlas.

Es decir, no estamos ante un problema de carácter abstracto y lejano, que no nos afecta en la cotidianidad, sino frente a uno que está muy cerca de nuestras familias.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los países destinar 10% de sus presupuestos del ramo al fenómeno de las adicciones, pero México sólo destina 1.2%. Tanto el Consejo Nacional contra las Adicciones (Conadic) como los Centros de Integración Juvenil (CIJ) padecen de la misma escasez de recursos.

Rehabilitar a un adicto es caro para cualquier sistema de salud pública, pero no por ello debe claudicarse. Sobre todo dada la tendencia a incrementar los índices de consumo de drogas sintéticas, cuyos efectos a nivel neuronal y adictivo son automáticos y devastadores.

Por supuesto que el problema de fondo se encuentra en detener la oferta y alejar a ninos y jóvenes de ""engancharse"" en esas tentaciones en las que muchas veces caen por presión de sus pares, otros muchachos como ellos, quienes ponen como condición de pertenencia al grupo este tipo de prácticas. El miedo a ser marginado es atávico en adolescentes, pero el peligro es que dicha iniciación se haga ahora en México mediante drogas.

Por nosotros mismos y nuestra seguridad, pero también para mantener cierta autoridad moral con la cual seguir exigiendo al gobierno de Estados Unidos que modere su demostrable demanda, México debe concebir políticas públicas más integrales y equilibradas en el fenómeno de los estupefacientes. Seguridad, sí; salud, también. (El Universal)

"