Enorme charco, fuente de riesgo

Enorme charco, fuente de riesgo

Un gran charco de agua de aproximadamente 100 metros de longitud que se encuentra sobre el bulevar Salomón González Blanco, en uno de los costados de la Central de Abastos en Tuxtla Gutiérrez, mantiene inconformes a transeúntes y al personal que labora en dicho centro de comercio.

Acusan que el agua estancada en ocasiones llega a alcanzar dos metros de profundidad y ha provocado estragos materiales, así como la nula vialidad peatonal y vehicular, sin que las autoridades hagan algo al respecto.

Esto se ha vuelto también un foco de reproducción para el mosco transmisor del chikungunya y dengue. Pero este problema se remonta años atrás, pues en anteriores años esas mismas aguas fueron uno de los factores para que un tramo de barda perimetral de la Central de Abastos cayera.

“El problema viene a raíz de que se construyeron unos asentamientos irregulares en la parte de arriba de la loma que rodea a la Central, que a falta de servicios básicos como alcantarillado, hace que sobre la pendiente se deslice la corriente de agua de lluvias y se estanque en ese lugar”, narra Juan Manuel Rivera Maza, subgerente de la administración de la Central de Abastos.

Anteriormente el agua que ahí se estancaba era absorbida por un terreno que se encontraba frente a uno de los costados de la Central de Abastos, pero sobre ese lugar recientemente construyeron otra supuesta central de comercio, por lo que ahora se presenta esta situación.

“Al realizar dicha construcción, el agua que ahí se acumulaba se filtraba por ese costado de nuestra propiedad, perjudicando a los vendedores dentro de la Central, ya que anteriormente nuestra barda era de malla, con una base de cemento de 30 centímetros de alto, que se volvió insuficiente para retener el agua”, señala Rivera Maza.

Esta “laguna” podría afectar los diferentes alimentos de los casi tres mil productores que allí acuden y que a diario expenden a diferentes puntos de la ciudad para su consumo.

Este estancamiento hace su aparición en cada temporada de lluvias del año o con alguna fuerte precipitación. Los colonos tienen que rodear la Central, haciendo más largo su trayecto a sus hogares, ya que la calle inundada fungía como un atajo para los peatones.

“En su momento se le hizo saber a Protección Civil, que acudió al lugar y la catalogaron como zona de riesgo. Nos dijeron que gestionarían al área de Obras Públicas, porque según es un problema de carácter municipal y la respuesta que nos dieron fue que no tenían presupuesto para remediar el problema”, finaliza Juan Rivera.