Una de las fugas de dinero que ha tenido el gobierno en sus distintas áreas y que se convirtió en un “vicio silencioso” por parte de los funcionarios gubernamentales, fue el enriquecimiento ilícito con viáticos, afectando las finanzas de las instituciones públicas, declaró Carlos Méndez, auditor Certificado en Prevención de Lavado de Dinero y Financiamiento al Terrorismo.
En ese sentido, mencionó que, aunque se trata de una vieja práctica, la definición de los viáticos, es la entrega de dinero a un servidor público para desempeñar sus funciones fuera del centro laboral.
El problema, advirtió el especialista en temas financieros, es que este tema puede quedar sólo en una “fuga de recursos”, pero en el otro extremo, a través del enriquecimiento ilícito, puede terminar en el lavado de dinero.
De la información más actualizada, puntualizó, este vicio va en descenso porque ya existen más mecanismos de control y en México se ha avanzado de manera considerable en materia de prevención; la Ley de Extinción de Dominio, explicó, regula el flujo de operaciones con recursos de procedencia ilícita.
Los vicios en los viáticos ocurrían cuando se daban las comisiones de trabajo o la utilización de recursos para la contratación de vehículos de lujos, consumo de alimentos, honorarios, hospedajes, vuelos o asesorías. Los viajes al extranjero resultaban ser los más “jugosos”.
La ventaja de ahora, comentó, es que las comprobaciones son muy fáciles de detectar; situación que antes eran ambiguas en los rubros antes mencionados, porque no se daban especificaciones o se comprobaban facturas.
Continuó: “Fue un vicio, afortunadamente también México ya avanzó, porque ahorita tenemos mecanismos bien importantes como la declaración 3de3”.
A estas actividades, puntualizó, se le agregan la facilidad para consultar información y, además, la recién publicada Ley de Extensión de Dominio, la cual viene a erradicar estos vicios en servidores públicos.
Finalmente, el plan de austeridad que anunció la actual administración también ayuda a frenar esta vieja práctica, porque se ha reducido la cantidad de dinero que se entrega a personas que hacen funciones fuera del centro laboral.












