Entornos escolares no son inclusivos

En Chiapas, de acuerdo a datos del Inegi, el 12 por ciento de la población padece una discapacidad o tiene una limitación con alguna actividad cotidiana, de esos, 36 mil 814 tienen de cero a 14 años de edad, quienes muy seguramente están luchando por ejercer sus derechos de manera efectiva en sus diferentes entornos.

Lo anterior, lo manifestó Alfredo Ruanova Ortega, visitador general especializado en la Atención de Niñas, Niños y Adolescentes de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH).

Refirió que los niños, niñas y adolescentes con discapacidad son los que tienen más probabilidades de no asistir a la escuela o de abandonarla. Hoy en día la inclusión todavía es un desafío para todos los países y, en particular, para los centros educativos.

Indicó que los organismos defensores de derechos humanos conocen las experiencias que se presentan en los centros educativos. La discapacidad aparece en el tema de defensa de derechos en un principio encubierta, porque se ha identificado que acuden al organismo en protección de sus derechos por violencia escolar y discriminación.

Esto a la postre ha llevado a identificar otros componentes, como el hecho de que hay un claro desconocimiento de que una niña, niño o adolescente tiene una discapacidad, cuando ésta no es evidente.

Mencionó que “no tenemos la capacidad como sociedad, pero sobre todo en entornos escolares, para detectar las discapacidades, se actúa con prejuicio y eso genera exclusión y discriminación”.

“Hay una falta de docentes capacitados que generó un esquema de atención a la educación con un enfoque especial, que ha venido cambiando a partir de los enfoques de inclusión, pero que al no tener una dirección para orientar los esfuerzos y generar inclusión, termina en agravios a los derechos de niños, niñas y adolescentes”.

Además hay una infraestructura inadecuada y materiales mal adaptados, lo que hace que el proceso de enseñanza-aprendizaje se vuelva ordinario, y entonces quien padece una discapacidad tiene que adaptarse a los contenidos de quien en lo cotidiano trabaja de otra manera.

La escasez de recursos, como libros en braille para las personas con discapacidad visual, cuya producción es lenta y limitada, desafortunadamente no se destinan los necesarios.

Señaló que hay una evaluación del aprendizaje en sí mismo, cuando una persona tiene una discapacidad sensorial o intelectual, los procesos de evaluación no son hechos desde un punto de vista de inclusión, debido a que se evalúa el conocimiento en función de lo ordinario del proceso de enseñanza-aprendizaje.

En necesario también garantizar que los docentes reciban una formación adecuada, brindando sino una especialización desde que entran en la carrera pero sí una serie de herramientas o elementos técnicos y pedagógicos, mismos que les permitan atender a niños, niñas y adolescentes con discapacidad de forma integral.