Entre cera y fuego: la apuesta artesanal

Entre cera y fuego: la apuesta artesanal

En un pequeño taller donde el tiempo se mide en grados y no en relojes, Isis Palacios enciende cada mañana un proceso que combina técnica, paciencia y algo de alquimia.

El detalle es lo que importa

Desde hace 18 años se dedica a la elaboración de velas artesanales a base de cera de coco y soya, un trabajo de estética rústica y de naturaleza muerta que conecta con lo espiritual y lo ancestral.

En la antesala del Día de San Valentín, su labor se intensifica: la preparación comienza con al menos una semana de anticipación y cada detalle importa.

Control de calidad

La producción no es individual. Isis puede elaborar hasta 120 velas por temporada, utilizando moldes de silicona, así como soportes de cristal y madera, que dan forma y carácter a cada pieza.

La cera llega en bloques y se divide según su función: la cera de soya se utiliza principalmente para moldes, mientras que la de coco se derrite a baja temperatura y se destina a envases, ya que soporta mejor el calor del recipiente. El control del proceso es clave para lograr la consistencia, el aroma y la forma deseada.

Abundan los corazones

Durante esta temporada, las velas con formas viven un auge especial. Corazones, osos, postres, tazas, flores, frutas como fresas y figuras de animales se convierten en símbolos del romanticismo.

Más allá de lo decorativo, estas piezas se han consolidado como una opción en aumento para regalar en fechas especiales como San Valentín, al ofrecer un detalle personalizado y hecho a mano.

En cada llama que se enciende hay más que cera derretida: hay casi dos décadas de oficio, paciencia y tradición artesanal.

En un mercado dominado por lo inmediato, estas velas representan una pausa.

Un regalo que no solo ilumina un espacio, sino que también conserva el valor del tiempo y la dedicación con la que fue creado.