"Es preocupante que México sea considerado uno de los países más peligrosos para el ejercicio de la actividad periodística, debido al incremento de la impunidad con que el narcotráfico secuestra y asesina a profesionales de los medios. Tal es la visión de Diana Daniels, presidenta de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), quien asiste a los trabajos de la 62 asamblea general de este organismo, que se celebra en nuestro país.
La también vicepresidenta y consejera de The Washington Post reconoce que en materia de periodismo América Latina es una zona de claroscuros, donde por un lado florecen iniciativas a favor del libre acceso a la información, pero por el otro bandas de criminales -sobre todo las organizadas en torno al tráfico de estupefacientes- han puesto en jaque a los periodistas que se atreven a abordar dichos temas.
En México son paradigmáticos los casos que se han dado en periódicos editados en la frontera norte y en entidades donde el narcotráfico mantiene una presencia muy fuerte, como Baja California, Sonora y Sinaloa, entre otros.
Como recomienda la propia Daniels es preciso que, además de los esfuerzos normales contra el narco, los gobiernos pongan particular atención al seguimiento de atentados a la libertad de prensa y persigan con especial cuidado aquellos casos en los que periodistas son asesinados o secuestrados. ""Una de las formas de prevenir estos hechos es que los gobiernos investiguen y hagan justicia"", dice la presidenta de la SIP.
Por supuesto, el combate al narcotráfico no es una responsabilidad de los medios de comunicación, que sólo se dedican a informar y documentar los pasos que sigue este fenómeno. Los periodistas no piden ser protegidos de manera excepcional a la de cualquier otro ciudadano; sin embargo, hay que tener presente que cuando se amenaza o se ataca a un comunicador, también están en riesgo otros valores adicionales al de la vida humana, como son la salud social de la nación y la vigencia real de la libertad de expresión.
Por lo que hace a México, vale redoblar la lucha contra la criminalidad, porque de ella dependerá que cada sector de la sociedad haga bien su trabajo, sin acechanzas ni peligros. Abatir los índices de criminalidad servirá también para que la imagen del país ante el mundo no se deteriore y no seamos más el ejemplo de lo que no debe suceder en materia de protección a los periodistas. La SIP promueve entre sus miembros formas de interlocución con los gobiernos y técnicas especiales para cubrir temas tan delicados como el narcotráfico, como una aportación en la defensa del trabajo de los medios. Así se ha manifestado en las jornadas de la asamblea general de ese organismo, que sin duda es la instancia multinacional con mayor autoridad moral en el continente para senalar si los gobiernos están cumpliendo su labor por la libertad de expresión y todo lo que se requiere para fortalecerla.
Es importante no echar en saco roto lo que al seno de este organismo se propone y, sobre todo, no quedarnos rezagados en una batalla que no sólo es contra los narcotraficantes, sino que es a favor de las libertades en todo el país. (El Universal)
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