Recientemente en La Enseñanza, Casa de la Ciudad, en el municipio de San Cristóbal, se presentaron dos grandes exponentes del fotoperiodismo en México, Chiapas y otras partes del mundo: Antonio Turok y José Ángel Rodríguez.
Sus fotografías permanecen en ese espacio cultural donde hasta el momento siguen deleitando las pupilas y trasladando a tiempos remotos, donde retrataron e inmortalizaron la problemática del levantamiento armando zapatista en las montañas de Chiapas, y la otra cara de los “hach winik” (Verdaderos hombres), en el corazón de la Selva Lacandona.
Turok nace en 1955 en la Ciudad de México; a los 17 años surge el interés por involucrarse al ámbito del fotoperiodismo con colaboraciones en Aperture, Camera Work, Crónica, La Jornada, Double Take, Paris Match, Le Monde, Stern, The Independent y Proceso, entre otras.
A esa edad llega al estado de Chiapas, donde vivió 25 años y comenzó de lleno a ejercer la carrera fotográfica. Es importante mencionar que este personaje es uno de los primeros en dar cuenta e ilustrar al ejército zapatista, conviviendo y viviendo con ellos paso a paso para retratar cada una de sus acciones.
Es uno de los más destacados e importantes fotoperiodistas de México, y eso lo ha llevado a ser corresponsal en Nicaragua, El Salvador y Guatemala.
Sin olvidar el acercamiento que tuvo en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001; tras su paso ha documentado la crisis industrial del Medio Oeste, la situación migratoria, la pobreza indígena, manifestaciones contra Donald Trump y muchos temas acreedores a diversos reconocimientos, tales como The End of Silence / El fin del silencio (Era/Aperture 1998); además del Mother Jones International Found for Documentary Photography Award en 1994, así como becas de la fundación Guggenheim y del Fideicomiso para la Cultura México/Estados Unidos.
En 2018 obtuvo la Medalla al Mérito Fotográfico que otorga la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Por su parte, Rodríguez nace en Durango en 1954 e inicia su carrera a los 15 años laborando como asistente en el Club Fotográfico de México.
En 1977 asiste a Manuel Álvarez Bravo en la impresión de su primer portafolio, y su trabajo documentalista se ha distinguido por retratar la situación que se vive en zonas olvidadas, como Jalisco, Chiapas y Nayarit, plasmando y dando a conocer las jornadas de campesinos y ceremonias-rituales indígenas donde no cualquiera tenía acceso para atestiguar dichos acontecimientos.
Turok y Rodríguez compartieron este gran compromiso con su evolución artística, acercando su mirada a las comunidades de Chiapas y presentado la realidad que se vive en ellas; el aprecio que le tienen al estado los ha llevado a compartir con fotógrafos chiapanecos, además de dar cursos-taller y contar sus experiencias.












