"Pasada la conmoción por el brutal golpe que los narcotraficantes asestaron a la Policía Federal Preventiva este martes en Culiacán, que ocasionó siete muertos y cuatro heridos, es momento del control de danos, pero no como se hace ahora desde el gobierno.
La primera impresión fue de estupor. Una banda, copada por la policía en una casa habitación, resiste cuatro horas de tiroteo, causa bajas con granadas y logra escapar en tres vehículos, pese a un cerco militar de seis manzanas.
Cualquier televidente que ha visto actuar en las series policiacas un escuadrón de Armas y Tácticas Especiales (SWAT) de Estados Unidos, con agentes que llegan con cautela, se desplazan separados y disparan gases antes de introducirse en una guarida, no se imagina que las cosas puedan hacerse de otro modo. Parece sencillo.
En realidad lo acontecido, una emboscada a los agentes, refleja que esta guerra lo es en verdad. Lejos de tratarse de persecuciones de ""policías y ladrones"" estamos ante el intento del narcotráfico por erradicar, sea quien sea, a quienes desde el Estado se le oponen.
Ante tal escenario es inadmisible la explicación de que los narcotraficantes tienen mayor poder de fuego, cosa que desde hace tiempo lo saben hasta los ninos. Por ello resulta increíble que los aumentos en el presupuesto de seguridad no parezcan reflejarse en un armamento adecuado para enfrentar a los sicarios del crimen organizado.
Los delincuentes de la droga disponen de misiles, bazucas y fusiles Barret, calibre 50 milímetros, con un alcance de tres kilómetros, en tanto que nuestra policía está dotada con una menor capacidad de fuego.
El secretario de Gobernación, Juan Camilo Mourino Terrazo, deplora las muertes, pero dice que es el precio que hay que pagar por esta guerra. Sin embargo, esos costos no serían tan altos si la policía estuviera tal vez mejor armada, mejor entrenada, mejor pagada, responsabilidades del gobierno.
Tal como están las cosas, nuestros policías son literalmente puestos en una disyuntiva cruel: mueren en servicio o desertan. El número de agentes y militares que han abandonado el servicio o, peor aún, se han pasado a las filas criminales asciende a decenas de miles.
En el intento de ganar una de las zonas donde se desarrolla esta guerra, el espacio mediático, el procurador general de la República dice: ""Estamos ganando esta guerra, aunque no lo parezca"".
Sí, hay que dar la pelea con las armas pero sin olvidar que ese no es el único frente -propio además de estos asesinos- para derrotar al narcotráfico. (El Universal)
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