El biólogo Luis Alberto Martínez Hernández, miembro de El Colegio de Ingenieros Ambientales de Chiapas A.C. (Ciach), presentó la ponencia “Problemática de Especies Exóticas Introducidas”, donde explicó los problemas de desequilibrio ambiental que vive el estado por la introducción de flora y fauna.
En el estado tres han sido las formas en las que se han introducido especies exóticas: la primera a través de la producción de ganado y pesca; de los vendedores de animales y mascotas legales e ilegales, los cuales suelen escaparse o ser soltados por los compradores; y por medio del transporte terrestre y marítimo, donde al no tenerse medidas de higiene las mercancías suelen traer insectos y roedores.
Explicó que uno de los casos más notables en el estado es la mojarra, que si bien funciona como alimento y una fuente económica para miles de familias, si no existe un cultivo sustentable, estas suelen dañar de manera irreversible el ecosistema.
Como el pececito dorado o popoyote, endémico de la región Altos, “no existe en ningún otro lugar del planeta, solamente en San Cristóbal de Las Casas”, dijo, recalcando que está al borde de la extinción debido a la introducción de la mojarra en los mantos acuíferos, por lo que “deberíamos cuidarlo porque pertenece al desarrollo evolutivo de hace millones de años”, enfatizó.
“De igual forma el pez diablo, que causó un gran problema en los ríos de Chiapas, Veracruz y Tabasco, y todo por un descuido al soltarlos de una pecera”, dijo y destacó que al no tener depredador y ser de rápida reproducción comenzó a acabar con la fauna de todos los ríos y lagos, dejando sin sustento a muchas familias.
La invasión también suele darse en la flora, como con el pasto africano, el cual fue introducido para ser alimento de los animales de pastoreo, pero debido a sus cualidades reproductivas y de adaptación creció sin control.
“Es el que se ve a orillas de carretera, y es tan amplia su distribución y su acoplamiento al ecosistema que le quita el espacio a las plantas que prosperan en el área”, dijo.
También nuestros compañeros caninos y felinos suelen ser animales que causan grandes desastres ecológicos: “en Puerto Arista suelen darse muchos casos de personas que regresan con parasitosis migans cutánea en los pies, que se da por las heces de los gatos y perros que dejan en la arena”.
Además de los perros y gatos que son abandonados y comienzan a depredar otras especies, rompiendo el ciclo ecosistémico.
El biólogo expresa que las soluciones suelen ser variables, dependiendo la especie y la gravedad del caso; en los más extremos se opta por la erradicación de la especie, como cuando hay perros salvajes en las comunidades y atacan a personas y ganado.
Otras menos agresivas son la esterilización, para evitar la propagación; la reubicación de especies y los programas de control como la caza o intervenciones gubernamentales y sanitarias en las granjas.












