La industria del circo en México decreció a raíz de la entrada en vigor de la Ley General de Vida Silvestre que prohíbe el uso de animales en este tipo de espectáculos. A más de dos años, de 500 circos que existían en el país sobreviven al menos 200, los cuales se han transformado y evolucionado; era renovarse o morir.
Algunos de estos circos aún llegan a Chiapas un estado donde se mantiene esa tradición de acudir en familia a estos lugares, no solo por el espectáculo que ofrece, sino también por ser accesible para la gran mayoría.
Arnulfo Ortiz, representante de unos de estos circos, en su paso por Tuxtla Gutiérrez, afirmó que la Ley hizo que prácticamente la mayor parte de los circos en el país cerraran, es decir, “murieron”.
Señaló que, de manera particular, ellos han tratado de crear un nuevo concepto a lo que era el circo tradicional, creando funciones alegres y dinámicas para que la gente se divierta, presentado números sin la presencia de animales, tras la entrada en vigor de la Ley que los prohíbe. “Los artistas y acróbatas tratan de elaborar números más llamativos e intrépidos”, dijo.
Señaló que esta situación ha afectado la asistencia del público, ya que “la gente aún se está adaptando al circo sin animales, el público aún no se ha acostumbrado, siempre nos preguntan en taquilla si traemos animales salvajes y decimos que no; por ello tratamos de dar un buen show y tratamos de mantener nuestros costos accesibles”.
Ejemplificó que cuidan cada número para que la gente siga llegando y se lleve un buen sabor de boca, a diferencia de otras empresas que les han demeritado, ya que sus funciones eran completamente con animales.
Asimismo, el representante circense externó que “ha costado meter en la mente de la gente que traemos un show de calidad, sin embargo, esta marca se ha mantenido gracias a lo que hemos implementado y renovado, tratamos de estar a la vanguardia en cuanto a las instalaciones y las funciones”.
En lo que respecta a los costos que representa para una familia asistir, acotó que son accesibles, desde los 100 hasta los 300 pesos, y manejan el dos por uno en los últimos días.
“El circo es un espectáculo de excelencia y de reunión familiar para divertirse sanamente, por eso es importante para nosotros que vengan”, enfatizó.
Prescindir de los animales en los circos, ha llevado que los propietarios contraten a un número importante personas para realizar diversos espectáculos que antes no los tenía, lo cual ha implicado un gasto para ellos, los cuales ha sido traslado a los propios espectadores, pues entrar a estos sitios tiene un costo entre 100 y 300 pesos, dependiendo de la ubicación en que se esté.
“Ley General de Vida Silvestre”; ¿podría regresar el circo con animales?
El representante del circo sostuvo que existe una probabilidad de que regrese el circo con animales, ya que “el presidente electo dijo y prometió que iba a checar lo de la ley para regresar los animales a los circos bien cuidados, ya cuando él tome el poder que decida”, por lo que están en espera a que se presente esta oportunidad, pero no hay propuesta alguna como tal.
Reveló que el censo que recolectaron de los animales que se quitaron de los circos fue de cuatro mil 800 y “si ahora viven mil 800 es mucho y en condiciones deplorables, ya que fue una ley mal pensada, una ley que no supieron cómo llevarla a cabo”.
“Nosotros entregamos animales al zoológico de Culiacán, en el estado de Sinaloa, entre los que iban 24 tigres, tres camellos, cinco llamas y tres changos; otras cinco empresas circenses entregaron también sus ejemplares a ese mismo recinto, pero nos pudimos percatar que con el mismo presupuesto que tenían le daban de comer a todos los animales con los que contaban y los que recibieron, lo que hicieron fue matarlos de hambre”, sentenció.
Arnulfo Ortiz declaró que está a favor de que los circos deben tener animales pero bien cuidados, por lo que se hubiera revisado quienes cumplían con las instalaciones y el trato que se le daba a la fauna con la que se contaba en cada empresa.
Apuntó que el partido que promovió la ley presentó en su momento videos de las décadas de 1970 y 1980, en los cuales reconoció que sí se manejaba mal a los animales, pero a raíz de que el circo fue creciendo, evolucionando o transformándose con nuevas tecnologías, se implementaron nuevas formas de enseñar a los animales con base en premios y no castigos.
Expuso que también contaban con un veterinario certificado una vez por mes para revisar, animal por animal, en qué condiciones físicas estaban, actividad dentro de la cual se gastaba un buen recurso, “gastando lo que se tuviera que gastar”. También dijo que contaban una UMA y contaban con un registro ante la Semarnat, en donde los certificaba para poder criar animales.
Permisos
Explicó que actualmente tramitar los permisos es mucho más difícil ya que las autoridades cada vez piden más requisitos como por ejemplo: de entrada no cargar con animales.
Asimismo, contó que piden permiso ante el municipio, se renta un terreno, pero entran otras instancias más como las de cuidado de medio ambiente o ecología, protección civil, Cruz Roja, bomberos, es decir “para cada cosa te piden un permiso diferente y un pago diferente”.
En promedio, en las ciudades, un permiso de circo completo cuesta por lo menos cinco mil pesos diarios, aunado al pago del terreno día con día que es de manera particular: “municipio cobra 8 por ciento por cada boleto que se vende en taquilla”, confirmó.
El circo lo traigo en la sangre: Carlos, el malabarista
El cierre del espectáculo lo finaliza Carlos, el malabarista en este circo, quien afirma llevar la profesión “en la sangre”.
El arte del malabarismo es la habilidad de manejar varios objetos en el aire con las manos, como bien pueden ser pelotas, sombreros o aros; en sí, todo lo que se pueda manipular.
Carlos Rodríguez es uno de ellos, con una carrera de más de 30 años y viene de una gran tradición familiar, “toda mi familia fue trapecista y contorsionista, yo vine a romper esa tradición, pero aprendí otras cosas como el ‘balancismo’ o números de altura”.
Además de contar con la destreza dentro del acto, también reconoció que tiene que interactuar con el público, sobre todo con una mirada o una sonrisa: “En mi caso tuve también que aprender ballet para tener una mejor expresión corporal y transmitir mi mensaje al público”.
No obstante, destacó que todo tiene un precio y este oficio requiere de preparación y ensayos constantes para poder dar lo mejor al público.
El malabarista estrella de este show externó que, cuando llegan a una ciudad y dan las primeras presentaciones, existe cierto nerviosismo pues “el público cambia y unos son más exigentes que otros, pero siempre tratamos de brindar un número bien y la recompensa son los aplausos”.
“Si yo volviera a nacer volvería a ser de circo, porque lo llevo en la sangre, pues pertenezco a una cuarta generación”, concluyó.












