"Abenamar Sánchez * CP. Comuneros de la Casa del Pueblo Venustiano Carranza bloquearon ayer por un rato la ruta Cuxtepeques, a la altura de uno de los dos cruceros que comunican al pueblo, y marcharon luego en recuerdo de nueve compañeros muertos hace 28 años a manos de un grupo contrario, además de plantear se les resuelva cuatro demandas principales. El bloqueo sobre la carretera fue a intervalos, y esto permitió que el tránsito de los servicios de transporte que recorren la ruta no se viera interrumpido durante más de cinco o diez minutos.
Los cientos de campesinos, quienes desde hace décadas reivindican el carácter comunal de sus tierras, se reunieron desde la media mañana en los alrededores de la Casa del Pueblo, un área específica, en el pueblo de Venustiano Carranza a hora y media de carretera al oriente norte de Tuxtla Gutiérrez, donde se concentran las instalaciones principales de sus autoridades, y desde ahí, poco antes del mediodía, se trasladaron en camionetas y camiones al crucero, a más de un kilómetro de camino.
Mediante un comunicado informaron que en Venustiano Carranza ""el caciquismo quiere renacer y uno de sus principales propósitos es el despojo de los bienes comunales"", y ante esa situación exigen el reconocimiento legal de sus tierras, la legalización de las 1177 hectáreas que tienen en posesión desde hace 17 años, la recuperación de 220 hectáreas y la desarticulación de las bandas paramilitares.
-Esto -dijo uno de los comuneros- es por nuestros compas asesinados hace 28 años.
Se refería al bloqueo y a la marcha. Traía la cara templada por el sol de los extensos llanos de San Bartolomé, como se le conoce también al municipio de Venustiano Carranza con más de 50 mil habitantes.
-Y en defensa de nuestras tierras -dijo otro hombre, que estaba ahí bajo una mata a orillas de la carretera, con su sombrero de paja y traje blanco de manta. Más grande que el otro, tenía trazas de haber caminado ya demasiados años en estas tierras.
-Aquí nacimos -dijo de pronto como si hubiese notado la duda en mi mirada.
Los demás, los más jóvenes, habían cortado con dos filas de piedras la carretera en ambos carriles. Dejaban, por ratos, pasar los automóviles. Era poco después del mediodía. Las mujeres se habían replegado bajo los árboles. Seguían llegando otras camionetas llenas de comuneros.
-Un rato más, y nos vamos -se oyó una voz, fuerte.
La marcha recorrería el mismo tramo por donde habían llegado. Pasarían, cientos, por la plaza central, tras superar una ligera colina, y, bajo un cielo poco claro, volverían a la Casa del Pueblo, allí al pie de un breve cerro moteado de árboles y platanares, allí donde llevan muchos años defendiendo sus tierras dispersas una parte, allá abajo, en los verdes llanos.
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