"Dentro de dos semanas, en la reunión que tendrán en Mérida los presidentes Felipe Calderón y George W. Bush, hay que cambiar de menú, dejar atrás las ""enchiladas completas"" de la migración y hacer que las jefas de sus equipos diplomáticos, Patricia Espinosa, de México, y Condoleezza Rice, de Estados Unidos, pongan en la mesa otros platillos que reflejen la rica diversidad y complejidad de la relación bilateral.
El flujo migratorio mundial tiene una dinámica incontenible y va adelante de los arreglos entre gobiernos. No sólo en el continente americano, sino en todo el planeta. Es un signo de lo que llamamos globalización, un sello de agua del siglo XXI.
Entre México y Estados Unidos hemos de insistir en que respeten los derechos humanos de nuestros connacionales que cruzan la frontera, con independencia de su estatus migratorio. Sin embargo, tenemos que avanzar en otros campos, quitar el disco rayado del acuerdo migratorio como referente de éxito o fracaso de la relación.
Hay tantos otros temas de los que se necesita hablar entre nosotros, no sólo el de la seguridad internacional, prioritaria para nuestros vecinos y que debía de serlo igualmente para México ante las recientes amenazas de Al-Qaeda, sino también el contrabando de pequenas armas de norte a sur, que pertrechan a delincuentes que tanto dano hacen a nuestras dos sociedades, con el tráfico de sur a norte de estupefacientes.
Economía, intercambio cultural y artístico, asuntos del medio ambiente, comerciales... La lista es muy larga y ha sido desatendida.
La tozudez de funcionarios que acompanaron en política exterior a Vicente Fox y de él mismo ofreció un solo registro, un solo plato en el menú.
Dejaron de ver que hay múltiples tipos de migrantes mexicanos a Estados Unidos, todos los cuales contribuyen a la grandeza de ese país, se reconozca el hecho o no.
Para algunos mexicanos no hay problema con los papeles, cuando los quieren allá eso no es obstáculo, se materializan las visas necesarias. Para los otros, los que cruzan de manera anónima, es deseable buscar mejores condiciones pero sin pretender acuerdos rápidos para construir glorias personales efímeras. Quisimos una ""enchilada completa"", un convenio de todo o nada, y nos quedamos con nada.
Las circunstancias cambiaron allá y acá. En el Capitolio los legisladores de mayoría demócrata parecen estar ensamblando un proyecto, con partes de propuestas descartadas, particularmente la de los senadores Edward Kennedy y John McCain, que propone regularizaciones y cuotas. El líder del Senado, Harry Reid, reveló que el asunto puede ser encarrilado dentro de un mes.
Como dueno de la puerta de entrada, Estados Unidos la abre y la cierra según su demanda de trabajadores. Si logramos que este movimiento respete a los mexicanos que cruzan legal o ilegalmente sería muy alentador, aunque esperamos que el presidente Felipe Calderón, en la reunión de Mérida del 12 de marzo, amplíe el espectro y el diálogo con el presidente estadounidense.
Llegó la hora del replanteamiento de una relación que deseamos benéfica para ambos. (El Universal)
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