EU: el doble discurso

Preocupa mucho la forma en que legisladores de Estados Unidos pretenden regular la migración hacia su país, emitiendo leyes persecutorias que atentan contra los derechos humanos, en lugar de buscar la raíz de los problemas y atender, de manera conjunta con los países emisores de mano de obra, como México, formas de migración respetuosa que reconozcan la importancia de los trabjadores foráneos para el enriquecimiento económico de muchos estados de la Unión Americana.

La aprobación, por parte del Senado de aquel país, de una serie de medidas antiinmigrantes, entre las que se encuentran el endurecimiento de los requisitos para obtener una licencia de conducir en Estados Unidos, como también conocer el estatus migratorio del solicitante, así como la autorización al Departamento de Seguridad Interna para levantar un muro en la frontera con México, va en sentido contrario a los ofrecimientos del presidente George W. Bush y de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, de trabajar conjuntamente en el tema.

Desde el comienzo de los actuales gobiernos de EU y México se prometió atender este problema. Pero, a pesar de todo, no se ha avanzado pues todavía hoy se atenta contra la integridad física y los derechos humanos de una gran cantidad de connacionales que van a ese país en busca de trabajo. Al parecer, uno es el discurso diplomático de la buena vecindad y la gran camaradería personal, y otro muy diferente el lenguaje que en los hechos se está pretendiendo imponer, preocupantemente policiaco y persecutorio, en contra de quienes cooperan con la generación de riqueza en EU, la mayor parte de la cual se queda en el propio territorio estadounidense.

Es tan ominoso el mandato para conocer el estatus migratorio de los solicitantes de licencias de conducir que la juez Karen Smith, de Nueva York, determinó ayer que no se le puede negar ninguna licencia a una persona por ese motivo; esta conclusión fue celebrada por organizaciones de hispanos con fuerte presencia en EU, y por el consulado de México en Nueva York, que calificó de trascendente la decisión.

Por lo que hace a la posibilidad de levantar un muro, no hay nada más humillante y agresivo en contra de los derechos humanos que la construcción de barreras que impidan el libre flujo de personas por todo el orbe. Los ejemplos más condenables de segregación e intolerancia a lo largo de la historia de la humanidad han girado y giran aún en algunas latitudes en torno de muros que aíslan, que segregan y que demuestran una grave connotación racista.

No hay mayor símbolo de libertad que las caídas de los muros. Estados Unidos aplaudió febrilmente la caída del muro de Berlín e insistió, en aquel momento, en que éste había sido en extremo humillante para los alemanes.

Como quiera que sea, el gobierno de México habrá de exigir respeto, no sólo frente a quienes han planteado esta posibilidad, sino también en foros multilaterales, como la ONU. Nuestro gobierno tampoco puede ser tímido ni darse el lujo de reaccionar tarde frente a esta grave amenaza de sectores de ultraderecha estadounidenses. Ojalá esta vez, los encargados de la política exterior de México hagan un trabajo claramente favorable a los intereses nacionales.

El gobierno del presidente Fox ha insistido en la necesidad de negociar un acuerdo migratorio de alto alcance, que tenga bases diplomáticas y económicas, pero no policiacas. Todo acuerdo y toda buena vecindad deben fincarse en el respeto de las partes; ni más ni menos. (El Universal)