"La relación entre México y Estados Unidos es compleja y abarca muchos temas, sin embargo, el respeto y mutuo beneficio que debería permear entre ambas naciones es desigualmente interpretado por nuestro vecino del norte, según le convenga en cada caso.
Por ejemplo, está en curso la investigación sobre los hechos del pasado lunes, en los cuales presuntos narcotraficantes mexicanos, vestidos de militares, cruzaron la frontera y se enfrentaron con alguaciles de Texas. El gobierno mexicano ha negado de manera terminante lo que parece lógico y congruente suponer: que tropas de nuestro país no han recibido instrucción alguna para realizar tan descomunal despropósito; aun así, se ha comprometido a investigar el caso.
No obstante lo cual, ayer autoridades de ese país criticaron, ""en los términos más enérgicos"", lo sucedido. Mediante una nota diplomática el embajador estadounidense en México, Antonio Garza, instó al gobierno mexicano a llevar a cabo una investigación exhaustiva.
Ciertamente, Estados Unidos está en su derecho de proteger su territorio, pero como país estamos en igualdad de circunstancias para recriminar, en el mismo tono enérgico, que todavía no hay resultados de las investigaciones que la Patrulla Fronteriza de ese país se comprometió a realizar después del caso de nuestros compatriotas asesinados apenas este mes, por agentes suyos, cuando pretendían cruzar la frontera.
No se percibe la misma decisión ni voluntad de los departamentos de Estado o de Seguridad Interna de EU, para hacer justicia y entregar a las autoridades a los criminales asesinos de mexicanos.
Tampoco hay respeto ni sensibilidad de parte de Michael Chertoff, encargado de la Seguridad de EU cuando se dice enfadado por la publicación de un mapa de ayuda a migrantes, expedido por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, para proteger la vida de miles de compatriotas que arriesgan su vida para ganarse la vida y, de paso, enriquecer la economía de las entidades del sur de Estados Unidos.
En cambio, no hay indignación ni molestia oficial del gobierno estadounidense respecto de lo que está pasando en aguas del golfo de México, donde los dos países tienen intereses petrolíferos.
En particular en la zona denominada Cinturón Plegado Perdido, que pertenece en 80% a territorio mexicano, pero que ya empresas estadounidenses están explotando desde el lado que, según acuerdo internacional, les corresponde, afectando así la capacidad de explotación de la propiedad mexicana, al restarle presión al pozo transfronterizo.
Sobre este tema no hay exigencia de reciprocidad de parte de EU, ni tono enérgico de molestia, sino simple silencio, como si esto no fuera parte de la relación bilateral, y como si el danar intereses comunes fuera válido; este último caso les reporta ganancias, mientras que en los temas en que México ha exigido al gobierno de EU respeto, reciprocidad y beneficios mutuos, el principio de equidad entre naciones no se aplica.
Ambas naciones somos socios en lo económico y estamos atados a problemas sociales y políticos comunes que no pueden ser medidos con distintas varas. Hay un principio de igualdad diplomática que tiene que imponerse a la hora de revisar cada uno de los temas de la relación bilateral, porque de otra forma, con actitudes ventajosas sólo se está danando más la relación y no se resuelven los problemas de fondo.
Reciprocidad y mesura han de imperar, para que se eviten los roces y malentendidos, que dividen a los pueblos y levantan un enorme muro -éste sí- de incomprensión entre ambos. (El Universal)
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