"El asesinato de cuatro migrantes mexicanos en Sharoville, una pequena ciudad de Ohio, se ha convertido en una papa caliente para las autoridades locales y, de hecho, también para el gobierno mexicano.
Con cierta razón, la policía local se resiste a considerar el tema como una cuestión racial, aunque las senas del crimen permiten la especulación.
No es posible olvidar que los cuatro hombres, todos ellos de San Luis Potosí, fueron ""metódicamente golpeados y apunalados"", de acuerdo con la descripción de un médico forense. Los asesinos los dejaron con más de mil dólares en efectivo encima, lo que en principio descarta el móvil de robo, aunque quedarían otras posibilidades abiertas.
Por un lado, en los últimos anos ha habido grupos interesados en fomentar un ambiente antimexicano sobre la idea de que los indocumentados son indeseables portadores de enfermedades y responsables de todo tipo de problemas, cuando no parte de un nefario plan de ""invasión"" o ""reconquista"".
Precisamente Ohio alberga a más de 30 ""grupos de odio"" como neonazis y racistas que llevan décadas como receptores de una constante dieta de arengas disfrazadas de personajes, que van desde los mensajes anticomercio con México del ahora senador Sherrod Brown a las barbaridades de una supuesta invasión mexicana del activista Lou Dobbs y companía.
En ese marco el gobierno mexicano tiene también un problema serio. Debe ser cuidadoso y seguir paso a paso la investigación, sin presionar a la policía para llegar al fondo del crimen.
Pero de la misma forma que no es posible descartar el tema del racismo -y desear quizás que no sea una senal de más problemas-, tampoco está de más destacar el ambiente en que deben moverse ahora nuestros paisanos en Estados Unidos y recomendar prudencia a un gobierno y un cuerpo político que parecen más preocupados por lo que digan algunos personajes menores que por la relación con un país que es nuestro principal socio comercial y con el que, a querer o no, tenemos lazos de sangre... (El Universal).
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