"Se trata de una derrota mayor y humillante la que sufrieron ayer el presidente de Francia, Jacques Chirac, y su primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, al negarles a ambos el electorado francés el voto aprobatorio a la Constitución de la Unión Europea, que fue un proyecto impulsado personalmente por el mandatario francés.
El tropiezo resulta de tal magnitud que para muchos demanda la dimisión del gobierno y la convocatoria a nuevas elecciones, aunque los dirigentes de Francia no están en este caso obligados a hacerlo.
Chirac no ocultó su amargura al aceptar la derrota de su propuesta, y senaló que lo ocurrido crea ""de forma inevitable una difícil coyuntura para la defensa de nuestros intereses en Europa"".
El proceso de ratificación continuará en otros países, y si se logra que 25 miembros de la Unión Europea lo aprueben, entonces la Constitución entrará en vigor para casi todos los efectos del funcionamiento de la entidad supranacional.
Sin embargo, el ejemplo dado por los franceses puede extenderse a otros países, que aún no ratifican dicha ley, y por lo pronto todo indica que los holandeses también la rechazarán en el referéndum que celebrarán el próximo miércoles. El fracaso sorprende por el contundente triunfo del ""no"" de 56 por ciento sobre 44 por ciento por el ""sí"", y afecta también al ex mandatario galo Valery Giscard d`Estaing, quien fue el arquitecto de la propuesta, la cual no logró conquistar el ánimo y la confianza de sus compatriotas.
Giscard propone que se hagan nuevas consultas, hasta que los países que la rechacen cambien de opinión; pero cabe preguntar si esto será políticamente viable. Sin duda, una de las causas de este fracaso es la falta de humildad con que demandaron el apoyo del pueblo a un proyecto que, en efecto, demanda concesiones importantes de todos.
Observadores más realistas senalan que tendrá que hacerse un nuevo proyecto, que aborde las objeciones de quienes con éxito cabildearon en favor del ""no"" en Francia. Fue una amplia coalición la que produjo la derrota de la Carta Magna. Los franceses de derecha que se oponen a ella temen que socavaría la soberanía y atraería mano de obra barata que restaría empleos en las zonas más atrasadas y basadas en la agricultura. Los oponentes de izquierda senalan que la Carta Magna no protegería las prestaciones sociales de Francia, puesto que se trata de un documento que busca reducir los costos a largo plazo de los sistemas de seguridad social. Giscard, siempre el tecnócrata, puso énfasis en los aspectos de protección al gran capital y al libre flujo del mismo, dado que la Constitución incorpora en gran parte las reformas estructurales exigidas por el FMI a todos los países. El momento de la consulta tampoco fue el más indicado, puesto que los franceses se hallaban a disgusto con el liderazgo de un país que tiene una tasa de desempleo de 10 por ciento.
Chirac había advertido, junto con otros líderes de la UE, que la Constitución no era renegociable en caso que Francia votara ""no"". Sin embargo, los opositores a la Carta Magna senalan que la renegociación es posible, sobre todo si un país de la influencia de Francia lo rechaza.
La Constitución de la Unión Europea se beneficiaría bastante con más consideraciones políticas sobre la libertad y los derechos de las personas al bienestar y a la seguridad, que con medidas de tipo arancelario y de cuotas migratorias. Más sensato en torno a lo ocurrido ha sido el ministro británico del exterior, Jack Straw, quien senaló que esto debe llevar a un periodo de reflexión. (El Universal).
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