"El número de bienes patrimoniales vinculados con las mafias mexicanas ha crecido en más de 700 por ciento en los últimos cuatro años, según las autoridades de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. Así lo afirma Edgardo Buscaglia, especialista en temas de seguridad y asesor de las Naciones Unidas en la materia.
Sólo las mafias china y rusa superan en importancia a la mexicana. Han quedado atrás del hampa mexicana otras que en su momento fueron consideradas de las más peligrosas, como la colombiana o la italiana. Es paradójico, por decir lo menos, que haya sido justo este periodo de guerra contra el crimen organizado en México, el lapso en el que más haya florecido el patrimonio y crecido el poderío del crimen organizado, tanto en nuestro país como en otras zonas geográficas.
Las organizaciones delincuenciales ya tenían un enorme poder económico y una red de corrupción consolidada antes de que el presidente Felipe Calderón les combatiera con las Fuerzas Armadas; sin embargo, en el presente sexenio han tenido su mayor desarrollo en la historia. Cabe preguntarse cómo es posible, cuando ahora, como nunca antes, hubo más decomisos, detenidos y soldados en las calles.
Cuando se miran los datos, se muestra que el combate del gobierno federal se ha enfocado en perseguir a los vendedores de droga, a los sicarios de medio pelo y a algunos capos, todos ellos probablemente lejanos a quienes realmente tienen el control de los negocios; personajes que gozan de su riqueza lejos de la línea de fuego, ""empresarios"" impecables e inalcanzables hasta ahora para la ley.
La lucha contra la inseguridad, o guerra, como se le quiera llamar, no se ha dado en el plano de la inteligencia financiera, con una visión de cooperación internacional, como el mismo Buscaglia ha denunciado con insistencia. Los resultados están a la vista: negocios ilícitos boyantes pese a la espectacularidad del combate a los narcos y sus armas.
Si a este escenario se suma la ya clásica teoría del economista Milton Friedman -de que a mayor prohibición más se eleva el precio de las drogas y, por tanto, la ganancia para los comerciantes- todo indica que en los próximos años seguirá la fórmula de violencia en las calles y ganancias en los bolsillos de los altos empresarios criminales. Son evidencias de una política fracasada. Hace tiempo que nos llegó la hora de revisar las premisas de tanta equivocación. (El Universal)
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