Invitar imperativamente a la Comisión Federal de Electricidad a que se siente con voluntad de entender y atender la inconformidad de diversos sectores de la sociedad, pero tambien de organismo de dos niveles de gobierno, es al parecer el objetivo del grupo de ciudadanos que actualmente piden un diálogo con esa paraestatal que en este momento tiene ante la Procuraduría Federal de Consumidor el mayor número de quejas por abusos en los cobros por el servicio de suministro de energía eléctrica.
Es el caso que al consumidor común y corriente, aquel que usa la energía en su vivienda, en la cual apenas tiene un promedio de cuatro focos, un televisor y eventualmente un refrigerador, ya no le ajusta para pagar tarifas que van de los 350 a los 900 pesos bimestrales. En la misma situación se halla el pequeño comerciante, el empresario, el colono, y hasta los presidentes municipales, organismos descentralizados, etcétera.
Es por ello que la voz de quienes ahora se hallan buscando un acercamiento responsable con la Comisión Federal de Electricidad debe tener todo el apoyo, pues representa a todos quienes en este mismo instante están siendo afectados por una entidad que se ha caracterizado por su intransigencia, que se ha convertido en una suerte de verdugo de la economía no sólo doméstica sino pública al asorber en algunos casos 40 ó 50 por ciento de los presupuestos municipales.
Y no hay para donde pueda hacerse el consumidor. La Comisión Federal de Electricidad dice que primero se paga y después se averigua, así que de todos modos se pierde. Y no hay entidad o procuraduría que pueda auxliar frente a los abusos, y tampoco hay un rostro amable dentro de la paraestatal con el cual se pueda llegar a un diálogo respuetuoso.
La mayoría de las entidades del Gobierno Federal tienen una instancia de relaciones públicas o una oficina de comunicación, pero en el caso de Chiapas, no hay relaciones públicas y ni hay comunicación. Hay personal sin perfil ni vocación que se dedica a eludir y/o intimidar desde hace años a quienes han pretendido tener un acercamiento a través de dicha oficina, lo cual agrava y deforma todavía más la ya mala imagen pública que tiene la paraestal.
De esta manera, la Comisión Federal de Electricidad se encamina a ser un factor de confrontación y de conflicto, con sus funcionarios que no funcionan y con los excesos que tienen a todos al borde de la exasperación.











