Excedentes petroleros

El gobierno federal debe mejorar la administración de la abundancia que generan los excedentes petroleros e invertir estos, prioritariamente, en infraestructura de exploración y explotación de petróleo y gas, así como en plantas refinadoras e industria petroquímica.

Esto lo dijo, hace justamente cuatro anos, el entonces secretario de Energía, Felipe Calderón Hinojosa, hoy Presidente de la República.

Hay una rebatinga por los excedentes petroleros, hoy contados después de los 49 dólares por barril, que fue el precio estimado para este ano por el Congreso de la Unión. Se estima que por cada dólar extra se obtienen 10 mil millones de pesos al ano.

Hoy, el precio del barril de la mezcla mexicana ya superó los 106 dólares, algo más de 57 dólares de excedente, o sea, 570 mil millones de pesos, casi la deuda petrolera.

En verdad, necesitamos mayor transparencia en los montos de los excedentes petroleros, así como un reparto más inteligente de los mismos, que considere la necesidad de recursos que Pemex tiene para continuar completando el presupuesto nacional y subsidiando el despreocupado consumo de la industria y los automovilistas.

Pero no todo son ganancias extraordinarias. El aumento en el precio del petróleo repercute en todo el sistema económico y financiero.

Las líneas aéreas, incluso las de tarifas más bajas, calculan un incremento en los boletos de 14%.

Lo mismo ocurrirá con los productos del campo, que son principalmente alimenticios. Aunque hay subsidios para el diesel de los tractores, el transporte se hace en camiones y camionetas.

En un mundo que para moverse necesita la palanca de los energéticos, nada escapa a los aumentos en cascada, pese a los esfuerzos de Estados Unidos en el manejo de su reserva estratégica como reguladora de los precios.

No sólo aumentarán las tarifas de la electricidad y de los transportes, que significan fletes y pasajes, sino los servicios, como el comercio, y los espectáculos, la educación, la salud y el turismo.

Es decir, hay una gran responsabilidad en la decisión de cómo se utilizan los excedentes petroleros, para compensar el encarecimiento generalizado que tendremos por otra parte.

La abundancia es relativa, por lo visto, y tendremos que aprender a administrarla bien en previsión de males mayores, sin malgastarla y sin permitir que nos sea escamoteada de las manos.

Apretémonos -más- el cinturón. También el de seguridad. (El Universal)