Explosiones de largo alcance

El ataque con granadas a la población civil congregada en la principal fiesta popular mexicana, el Grito de Independencia, en Morelia, Michoacán, el pasado lunes 15, extendió su onda explosiva a toda la República.

Hay una sicosis de terror, que era probablemente uno de los objetivos buscados por los autores del cobarde y demencial atentado, pero que debemos esforzarnos en rechazar. Lo mejor es procurar mantener el ritmo normal de vida.

Ayer permanecieron cerradas las escuelas del centro de la ciudad de Morelia y hay una tendencia a suspender los actos masivos, incluso la Jornada Cultural Estatal de Lázaro Cárdenas, Michoacán, y en Zihuatanejo, Guerrero, el director de la policía municipal recomendó a la población no asistir a reuniones políticas. En esta última entidad habrá elecciones de alcaldes y diputados locales el 5 de octubre.

En general, todas las corporaciones policiacas y de seguridad pública han activado sus sistemas de emergencia en alerta por el temor de atentados y han reforzado la protección de los más altos funcionarios estatales.

La espiral de violencia en ascenso ya había causado advertencias a los turistas extranjeros que deseaban visitar México, la salida de empresarios regiomontanos y sus familias para instalarse al norte de la frontera y pérdidas de decenas de miles de millones de pesos en los negocios.

Después del secuestro y asesinato del joven Fernando Martí, hace mes y medio, nueve personas cayeron bajo la metralla durante una misa en un centro de rehabilitación de drogadictos en Ciudad Juárez; la semana pasada fueron asesinados en el bosque de La Marquesa 24 jóvenes albaniles; y el 16 de agosto en Creel, Chihuaha, punto turístico de la Sierra Tarahumara, fueron sacrificadas 14 personas, entre ellas un bebé y varias mujeres, cuando un grupo de sicarios iba tras dos. La matanza es irrefrenable, sin importar el exceso de las víctimas...