“Mercados marcados de dolor, la pederastia y la vulnerabilidad de las niñas trans en Chiapas”, es el estudio de Raúl Arriaga Ortiz, sociólogo por la Universidad Autónoma de México (UNAM), quien por 18 años ha realizado etnografía sobre la situación que viven las niñeces trans en la capital del estado.
Como parte de los resultados de su investigación en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (Cesmeca) destacó que son la inexperiencia, migración, rechazo familiar y el mercado sexual, los elementos persistentes en los trabajos de campo en el mercado sexual de las “niñas vestidas” en Chiapas.
Explicando que sus informantes fueron mujeres trans adultas, mismas que relataron sus experiencias desde el año 2006 hasta el 2021.
Génesis
“La estructura del mercado sexual da inicio primeramente cuando una persona manifiesta no ser lo que se espera que sea, un hombre masculino. El transexual, desde la niñez es detectado por las familias y existe un alejamiento del padre de familia con bastante violencia, regularmente expulsado de su hogar; en la mayoría de casos es aceptado por la familia femenina, quien sí le permite manifestar su identidad”, dijo el doctor en antropología social.
A pesar de ser esta la constante, expresó que cuando no cuentan con estos respaldos familiares son expulsados a la calle, refugiándose en el Parque Central de la ciudad. Esto ejemplificado con un testimonio de su investigación.
“Irma dice que su primera relación sexual fue con un militar, estaba en el parque. ‘¿Qué haces ahí?’, le preguntó el militar. ‘Me corrieron de mi casa’, respondió ella. ‘Pero ya es bien noche, mira tengo un departamento, tienes hambre’, le dijo él; la invitó a cenar, le pidió que la acompañara al departamento que era una habitación de hotel y le dio 500 pesos”, relató el sociólogo.
Recalcó que existe una complicidad de los dueños de los hoteles del centro de la ciudad, quienes dejan pasar a menores de edad.
Entrada
El investigador agregó que en la fase de 7 a 14 años, los niños todavía no manifiestan totalmente una imagen femenina; pues el ser una “vestida” es un condicionamiento para que se les incluya en el grupo que ejerce el comercio sexual.
“Cuando una persona ya empieza a ser vestida, ya no tiene derecho a estar en el parque y es orillada a ser una persona en situación de calle, regularmente ejerciendo el trabajo sexual de manera ilegal, absorbida por una organización”, consideró Arriaga Ortiz
Postrimería
Al llegar a la calle, explica el fundador y coordinador del Centro de Estudios Antropológicos de Género, Sexualidad y Etnicidad, las menores se encuentran a un grupo de “lenonas”, quienes tienen el control del territorio y las calles cobrando dinero a las vestidas que se prostituyen.
“Ellas ponen el orden en la calle y esto sigue operando actualmente. Suelen ser centroamericanas, principalmente hondureñas y guatemaltecas, pero también son originarias de Tuxtla Gutiérrez, y últimamente están llegando muchas de la Ciudad de México a querer controlar el territorio”, relata.
Subrayó que el comercio sexual infantil inicia en las calles pagando cuotas por el derecho a pararse, “actualmente les están pidiendo 800 pesos por que estén tres horas y ya no las dejan estar otro día”.
Sin embargo, aclara que muchas menores son prostituidas con engaños, además de ser violentadas física y psicológicamente por las “lenonas” o por amigas vestidas, mismas que son quienes las introducen; rescatando un testimonio, el cual dice que a los 14 años fue (a pararse), siendo golpeada y corrida por la líder, que quería que le pagara los 800, y se los pagó; hay otra que recibió sólo 50 pesos por un servicio que fue cobrado en 300 pesos por la controladora.
“Las lenonas” les dan poco pago, aprovechando que son menores de edad; otra dinámica es que maras y malandros, que regularmente son parejas de las que controlan, se encargan de patrullar las calles”, concluyó.












