Extinción de la izquierda

"Francisco Valdés * SUN

Entre las sorpresas que nos ha dado la democracia mexicana está, si no la extinción práctica e ideológica de la izquierda política, sí al menos su virtual desaparición.

En la experiencia política del país de los últimos anos hay muchos motivos para reflexionar sobre la importancia de la ideología y su concreción en expresiones políticas, programas y, en su caso, acciones de gobierno.

Con no poca frecuencia la elevación de la democracia a bandera fundamental de lucha ha significado una renuncia a formular propuestas de gobierno que pudieran ser irritantes o discordantes para los votantes o los grupos con capacidad de influir en grandes sectores del electorado.

No mucho antes de las elecciones del ano 2000 se abrió un importante debate acerca de lo que entonces se concibió como uno de los paradigmas de la democracia: la convergencia al centro.

Frente a un electorado con tendencias mayoritarias a la moderación política (recuérdese el ""voto del miedo"" en 1994) los actores construyeron su oferta buscando la atención de este sector. Casi sin excepción, candidatos y partidos buscaban colocarse en el corazón de este votante centrista con proposiciones cautelosas y moderadas.

Los objetivos estratégicos eran ganar las elecciones, disminuir la fuerza del PRI en los puestos de gobierno y representación popular, mostrar que otros partidos eran capaces de llegar al poder y ejercerlo. Para conseguirlo había que apelar a ciudadanos cada vez más dispuestos a dar el salto hacia la democracia, pero con una desconfianza secular en sus políticos y en todo lo que huela a partidos. Éstos, lejos de ser un factor de bienestar, eran un mal menor, un instrumento de equilibrio y distribución de poderes que resultaban inaceptables para una conciencia cívica suficientemente fuerte para favorecer el pluralismo, pero aún muy limitada para deliberar en la plaza pública las opciones de política que mejor convienen a las comunidades, las regiones y el país.

Con anterioridad y subsecuentemente a este proceso se vinieron dando fusiones de los grupos y partidos de la izquierda. No cabría hacer aquí una enumeración detallada, pero su desembocadura fue la formación y robustecimiento del PRD. En éste convergieron diversas corrientes políticas, unas provenientes de los grupos y partidos de la izquierda, como el Partido Comunista y sus diversas expresiones posteriores. Otra, originada en la ""izquierda social"", asociada a reivindicaciones parciales y concretas de diversos movimientos reivindicativos.

Finalmente, otra que surgió de las filas del PRI al separarse de este partido en 1985 y a la que se han ido agregando personajes y grupos desprendidos del salinismo por la sacudida zedillista.

Esta convergencia de corrientes convirtió a ese partido en la tercera fuerza electoral, y la inercia de la persecución de votos se volvió dominante en sus estructuras y objetivos. Pasaron a un segundo o tercer orden los debates sobre posiciones estratégicas, planes de gobierno, propuestas de solución a los problemas técnicos complejos del país.

En su lugar subsistieron planteamientos arcaicos, formulados en momentos anteriores a la intensa lucha electoral del presente.

Pero además, gracias a la prominencia y habilidad del que terminó siendo su caudal más influyente, aquel que provino de la escisión de la corriente democratizadora del PRI, los sectores de la izquierda que habían iniciado una convergencia entre los principios democráticos y las propuestas de verdadera transformación económica y social de México fueron disminuidos, hechos a un lado y reducidos a la insignificancia.

A este efecto contribuyeron decisivamente ciertos grupos de la ""izquierda social"". A base de construir redes de clientelas políticas encementadas por el intercambio de dádivas (placas, permisos, esquinas, terrenos, viviendas, invasiones), construyeron la base electoral de la que ahora son beneficiarios los priístas históricos, que colocan en la oferta política nacional propuestas distributivas renovadas, pero que llevan la impronta del presidencialismo autoritario y corporativo.

Ni en el país ni mucho menos en el Distrito Federal existe una mínima posibilidad de avance de las posiciones de izquierda que se quedaron a medio camino. La explicación es muy sencilla. Se trata del atraso ideológico originado en el abandono de la tarea de traducir los valores liberales de la democracia y la libertad en propuestas y políticas de organización económica y social que no se limitan a los dictados del capitalismo depredador e intelectualmente ramplón que caracteriza esta era de globalización.

A pesar de su antiintelectualismo, la izquierda democrática había abrazado previamente esa tarea al distanciarse de la Unión Soviética y condenar el aplastamiento de las experiencias democráticas que se intentaron en diversos países del bloque de países bajo su dominación como Hungría y Checoslovaquia. El eurocomunismo, primero, y la experiencia de gobierno socialista en la Espana socialista de la postransición constituyeron sus alimentos privilegiados.

En lugar de perseverar en esta empresa, la ""izquierda"" amalgamada se acrisoló en la mezcolanza de los símbolos y la convocatoria populista que emula la dadivosidad presidencial de antano. Sólo que esta vez a modo de comedia, no bien se desvaneció de la escena su primer gran representante y se agigantó la figura de quien hoy ocupa su lugar gracias a la astucia y no a la inteligencia política. Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.



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