EZLN a 30 años: un rebelde frente al sistema

Rostros jóvenes detrás de una capucha. CP
Rostros jóvenes detrás de una capucha. CP

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) le declaró la guerra al Estado mexicano hace 30 años; aunque ninguno de los dos frentes obtuvo la victoria, Chiapas quedó en el centro del mundo y ahora es visto de forma más profunda y reflexiva.

La preparación

Abelardo Hernández, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), se encargó de contextualizar los casi 10 años previos a la insurrección. Se delinearon, desarrollaron y consolidaron aspectos que caracterizan al EZLN, divididos en cinco etapas.

La primera fue la implantación y adaptación, iniciada en noviembre de 1983 con tres años de duración. Fue a partir de la llegada de un grupo de activistas o “núcleo operativo”, relacionado con la organización de corte político-militar.

El resultado fue el acercamiento y la interacción entre indígenas e integrantes de la célula guerrillera.

La segunda fue el contacto e interacción desarrollados a finales de1986 hasta a mediados de 1991, con la característica del trabajo cercano con comunidades de la Selva Lacandona.

“Con el transcurso del tiempo, la convicción de luchar con las armas, originalmente sostenida por el grupo guerrillero, llegaría a coincidir con la necesidad de defensa que, en cierto momento, surge en las comunidades de la región ante el despojo de tierras a cargo de terratenientes y ganaderos…”, contó.

El crecimiento y consolidación fue la tercera etapa comprendida de 1991 a 1992. Aquí se terminó con el proceso de masificación y comienza una etapa en la cual el EZLN deja de ser el ejército ajeno que permanece en las montañas.

“El territorio de los ‘pueblos indignos’ se convierte en su territorio”.

La consulta sobre la guerra fue la cuarta etapa realizada en 1992. De forma puntual, consistió en consultar a las comunidades acerca si se debía o no iniciar la guerra.

“En enero de 1993 se plantea el carácter general de la guerra, que es por demandas nacionales, no solo indígenas: democracia, libertad y justicia”.

Por último, la preparación de la insurrección fue el último paso ocurrido durante 1993. Aquí, cada comunidad, región y grupo étnico había elegido a sus representantes, contribuyendo así a la consolidación de un poder indígena real.

Finalmente, Hernández resaltó la insurrección del EZLN como el resultado de un arduo trabajo cotidiano de interacción constante entre dos concepciones de lucha y dos cosmovisiones diferentes que luego se harían una sola.

La tierra

Violeta Núñez, Adriana Gómez y Luciano Concheiro, investigadoras e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), caracterizaron al EZLN como un movimiento indígena-campesino, mismo que puso a la Madre Tierra como la principal demanda —junto al trabajo— de su lucha inicial.

“Curiosamente, Zapata no había llegado a Chiapas durante el movimiento revolucionario; los carrancistas fueron quienes tuvieron presencia por diversas regiones de este estado del sur.

El levantamiento se hizo acompañado de la Declaración de la Selva Lacandona, un escrito en el que se colocaban las demandas de parte de los pueblos indígenas: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.

El estudio publicado por la UAM-Xochimilco puntualiza el escenario contrarrevolucionario vivido en Chiapas, por lo que la rebelión zapatista inicia un proceso de “transformación” agraria; con casi 100 años de diferencia a comparación de otros estados.

“En los poblados de nueva formación derivados de las tierras recuperadas, la tenencia de la tierra consiste en la propiedad colectiva individual y la propiedad colectiva general.

“En la primera, cada familia tiene derecho a cultivar una parcela y los beneficios derivados son en su mayoría individuales.

“En la segunda, se trata de un terreno cuyo cultivo se mantiene con trabajo que se rota entre todas las familias de la comunidad, [por lo que] la repartición de los beneficios se decide en la asamblea”.

La investigación soslaya en la presencia del EZLN en términos sociopolíticos generales de la herencia de la Madre Tierra, pues es complicado superar el “modelo” de la ganadería extensiva.

La alternativa

Para Guillermo Almeyra, investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el EZLN, como todos los movimientos, no ha tenido una sola y misma política a lo largo de los años, a razón de que los cambios de línea táctica van acompañados también por algunos teóricos importantes.

“El EZLN jamás se caracterizó por su precisión y analiza la situación mexicana a grandes rasgos, y sobre todo, prescindiendo de la inserción del país en la mundialización dirigida por el capital financiero”.

El investigador reflexionó sobre el movimiento zapatista (zapatismo) como un rebelde frente al sistema actual y, por consiguiente, plantea la necesidad de una alternativa no solo —como antes— a las políticas y teorías neoliberales, sino al capitalismo en su conjunto cualesquiera sean sus teorías y políticas.

“La necesidad de aliarse con los obreros y los campesinos, sin abandonar a las lesbianas, homosexuales, travestis y toda clase de mineros cuyos derechos son sacrosantos, coloca al EZLN en un campo de clase y manda a la basura las teorías y otros sobre la multitud como sujeto de las transformaciones históricas”, añadió.

Por último, Agustín Ávila, José Sulvarán y León Ávila consideraron que, a 20 años de dicho levantamiento (2014), no se ha avanzado positivamente en la erradicación de la pobreza y de las carencias sociales de la mayor parte de la población, ni con la llegada de mayores recursos fiscales.

“La creciente afluencia de recursos no ha permitido al estado de Chiapas posicionarse y enfrentar las causas que hicieron posible el alzamiento zapatista. Muchas de las razones estructurales se han profundizado”, reflexionaron.

Entonces, habrá que hacer la siguiente reflexión: ¿habrá cambiado en algo después de 10 años?