Fanny, María y Fabiana, grandes mujeres de la Conanp

Fanny, María y Fabiana, grandes mujeres de la Conanp

De forma histórica, el 10 de mayo (fecha en la que se celebra el Día de las Madres en México) se ha posicionado como uno de los festejos más representativos en el país. Esta celebración se viene realizando desde 1922 con el propósito de reconocer el trabajo que realizan las jefas del hogar en cualquier ámbito profesional. Es un día en el que la familia se reúne para enaltecer ese gran esfuerzo.

Dentro de este reconocimiento existen mujeres que, desde sus trincheras, están impulsando cambios sustanciales en el mundo científico, de la salud, economía o política; no obstante, en esta ocasión nos centraremos en aquellas que están impulsando el inicio de la conservación ambiental, pero que muy pocas veces son reconocidas.

Los recursos, el primer eslabón

Fabiana Dinora Arévalo Zenteno es administradora de la región Frontera Sur-Istmo y Pacífico Sur de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). A ella le toca coordinar todos los recursos humanos, materiales y financieros que utilizan aquellas personas en campo, es decir, la conservación inicia desde la planeación y diversificación de los subsidios y programas.

Para poner en perspectiva la responsabilidad que tiene, la dependencia federal en esa región cuenta con una plantilla de 261 personas contratadas, además de proyectos de fondos externos (33 trabajadores más). La labor también incluye el cuidado de los equipos informáticos y la flotilla vehicular.

Como administradora, Dinora tiene el deber de analizar las condiciones de las áreas naturales protegidas (ANP). A partir de eso, tiene que cuidar que el dinero llegue con base en las necesidades y la extensión territorial de cada zona.

Ella es jefa de familia, madre de dos hijos. Hace 26 años entró a laborar a la dependencia y en ese pasar del tiempo se convirtió en mamá. “Tratamos de equilibrar esa parte, de ser madre y cumplir con un buen papel dentro de esta Comisión Nacional”, compartió.

En forma metafórica, Arévalo Zenteno dijo que nació en la Reserva de la Biósfera El Ocote como promotora ambiental. En aquella época no había oficinas y la única manera de moverse era a través de las cuatrimotos. Desde el escritorio, mencionó, se impulsa una conversación indirecta, “me siento muy satisfecha y orgullosa, todos los días aporto mi granito de arena para que llegue el viático, para que esté la gasolina, los uniformes, para que estén los sueldos”, y todo eso, remarcó, se ve en el buen manejo de las extensiones que están protegidas.

Para ella es indispensable mantener un equilibrio entre el hogar y el trabajo. Sus actividades comienzan a más tardar a las 5:30 de la madrugada. Después de preparar los alimentos se dispone a sus labores profesionales. “Sí se puede, somos mujeres emprendedoras, empeñadas. Siento que he cumplido con el papel de madre y servidora pública”.

Otro eslabón en la conservación

María Candelaria Ochoa, quien labora en la parte de los subsidios en la administración de la Conanp, recordó que desde hace 22 años colabora para esta dependencia federal; no obstante, el papel que ahora tiene, el de subsidios para las acciones de conservación, lo viene ejerciendo desde el 2005.

Al venir de una institución privada, refirió, conocer la parte ambiental fue una experiencia agradable, e incluso confirmó que es palpable el trabajo que se realiza en los sitios que cuentan con la protección de la Federación, pues ahí se ve el avance del cuidado ambiental.

Ella es madre de un joven con discapacidad y esta situación le ha resultado muy complicada al mezclarla con la parte profesional. “Hay que llevarlo a terapia, a traerlo a consulta. Yo viajé mucho tiempo a México con él, y al estar con mi trabajo, llega un momento que sí quise renunciar porque dije: esto ya no se puede”, recordó.

Aunque sabe que no ha pasado la etapa difícil, toda vez que una persona con capacidades especiales requiere el apoyo de alguien más, ha sobrellevado esta responsabilidad y ahora el joven de 22 años se vale por sí solo; incluso, asiste a una escuela y eso le ha dado tranquilidad dentro de su núcleo familiar.

Para ella, las jefas de familia han avanzado de manera considerable en profesiones que son importantes para la toma de decisiones, “al final dices: como mujer puedo y tengo que aportar algo, y ya no es tanto porque te haga falta”, enfatizó.

Los recursos, clave en los ecosistemas

Fanny Chavarría se desempeña como enlace administrativo en la reserva de La Encrucijada. Ella llegó a invitación de un proyecto por un par de meses, sin embargo, el trabajo le resultó muy atractivo y las acciones hechas en las áreas naturales protegidas la llevaron a que pasara alrededor de dos décadas en estas actividades institucionales.

A lo largo de estos años se convirtió en madre de dos hijas, por lo que mezclar el hogar y lo profesional, explicó, “sí es una situación complicada en el momento de dividir los tiempos, pero se supera con el paso de los años”.

“Ha tenido sus pequeñas variaciones, tenemos que faltar en algunos momentos con los hijos, sobre todo en la representación de las escuelas, en algunas actividades prioritarias para ellos”, complementó.

A pesar de esta situación, recalcó la contadora pública de profesión, sí ha existido el tiempo suficiente para enlazar el trabajo con la vida familiar, con todo lo que esto implica. El proceso, relató, ha sido de resultados exitosos.

Dos décadas de trabajo profesional, refirió, han sido gratificantes, toda vez que su actividad no se limita a simples números, temas fiscales o contables; va más allá, existe un vínculo con la gente en campo y la problemática que enfrentan los propios ecosistemas, la flora y fauna local.

En algún momento, relató, le planteó a su hija mayor que dejaría sus actividades laborales para pasar más tiempo con ellas, pero la respuesta que recibió fue que no dejara su trabajo y las actividades que más le apasionaban, es decir, la contaduría -en la parte institucional- y la conservación del medio ambiente.

Estas mujeres de la Conanp forman parte de las piezas clave dentro del rompecabezas del cuidado del medio ambiente. Las tres siguen una misma ruta: facilitar el trabajo que realiza el personal en tierra.

La mayor satisfacción de estas actividades, consideró Chavarría, es salir del escritorio y acudir al sito para conocer todas las acciones que realizan las comunidades, desde el combate a los incendios forestales hasta el tema de mantener en equilibrio la fauna silvestre.

Fabiana, María y Fanny son mujeres ejemplares, están incluidas en el proceso de la conservación ambiental en Chiapas, son el primer eslabón, y en esta fecha tan importante vale la pena reconocerlas por todo lo que realizan dentro del hogar y también en el terreno profesional.