Federico Kloetgen: la guerra lo acercó a Dios

Actualmente radica en Tuxtla Gutiérrez, luego de haber llevado una vida religiosa en Alemania, Chile, y finalmente en México. Diego Pérez / CP
Actualmente radica en Tuxtla Gutiérrez, luego de haber llevado una vida religiosa en Alemania, Chile, y finalmente en México. Diego Pérez / CP

El presbítero Federico Kloetgen cumplió recientemente 65 años de sacerdocio, pero sus orígenes en Europa están estrechamente relacionados con la Segunda Guerra Mundial, cuando los ingleses bombardeaban su ciudad de origen en la Alemania nazi.

Actualmente en el retiro, radica en Tuxtla Gutiérrez, luego de haber llevado una vida religiosa en Alemania, Chile, y finalmente en México.

Cuando Federico nació, Alemania vivía una etapa de paz, pero al llegar a los nueve años de edad, comenzaron los bombardeos y muchas de las ciudades fueron atacadas, entre ellas su ciudad natal, Münster, ubicada al oeste de Alemania.

Durante esos años, un presbítero de nombre Alfons Versen, acostumbraba a brindar lecciones y compartir sus conocimientos sobre la Biblia con los niños, y lo hacía con mucha paciencia, por lo que poco a poco Federico se sintió atraído hacia ese estilo de vida.

La figura de Alfons Versen marcó aún más la vida del pequeño Federico, cuando se enteró que este perdió la vida en Rusia, mientras formaba parte del grupo de apoyo de la Cruz Roja; incluso rememora que el impacto social en la población fue tal, que su nombre fue colocado en una de las calles de la ciudad.

En medio de los ataques de los bombardeos ingleses y la tensión, la familia Kloetgen (de ocho integrantes) logró sobrevivir a la guerra con un pequeño huerto hecho en casa, en donde cosechaban verduras, vegetales y hortalizas, además de que, tanto su familia como un grupo de vecinos, construyeron un búnker en el que se refugiaron muchas noches a lo largo de seis años.

Cuando el ahora presbítero cumplió 15 años, los combates concluyeron, pero asegura que él y su familia solían acudir a la iglesia de manera común, pues tanto su madre como su padre eran fieles católicos, a pesar de que su padre fuera integrante del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, conocido coloquialmente como Partido Nazi.

Al cumplir 27 años, Federico Kloetgen formó parte de un grupo de 45 sacerdotes, lo cual es poco común, y más aún porque 43 de ellos eran de la Diócesis de Münster y dos más de los Hermanos Menores Capuchinos.

Tras algunos años en su país de origen, conoció al padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico Mariano de Schoenstatt, quien lo invitó a irse a Chile, en Sudamerica, por lo que no dudó en aceptar. Ya en el país del sur llegó a Santiago, la capital.

Tras vivir una guerra, adaptarse a una nueva vida con otro idioma y una alimentación desconocida, no fue para nada un problema, además de que comparte que su aprendizaje del lenguaje fue relativamente fácil, ya que escuchaba la celebración, las alabanzas e incluso los juegos de fútbol en español.

En Chile trabajó en una parroquia, pero después el cardenal le pidió formar un seminario, por lo que luego de que se ordenó la primera generación de presbíteros, optó por ir a Querétaro, a donde llegó en 1980, y tras 10 años en ese estado comenzó una buena amistad con los sacerdotes Amilcar Cancino y José Luis Aguilera, quienes lo invitaron a venir a la provincia de Chiapas.

Así fue como se integró a la Arquidiócesis de Tuxtla, para formar parte de una parroquia en Villaflores. Posteriormente estuvo en la parroquia de San Judas Tadeo, para después ser invitado por monseñor Felipe Aguirre Franco, a integrarse al Seminario Mayor “Santa María de Guadalupe”, donde permaneció en sus últimos siete años en activo.