"Cada semana o dos hay nuevos reportes sobre asesinatos de mujeres en alguna parte de México, y con frecuencia datos que simplemente ponen al día el número de mujeres muertas en Ciudad Juárez.
En Juárez, otrora célebre por la industrialización de sus maquiladoras, aun las actividades del famoso cártel narcotraficante palidecen frente a la brutal realidad de cientos de mujeres desaparecidas, y en su mayoría seguramente muertas, aunque al parecer hay algún vínculo.
Peor aún, la situación se ha agravado por el ambiente de impunidad que se vive tanto en la ciudad fronteriza como en Chihuahua, e incluso en las inmediaciones de la ciudad de México.
Sólo como ejemplos de esta situación: el pasado domingo hubo una manifestación de indígenas en Oaxaca en la que se denunciaba que ese estado era el segundo en número de feminicidios. De hecho, las indígenas huaves, zapotecas y mixes describieron una situación de discriminación legal intolerable en cualquier parte del mundo.
Entre 1999 y 2003 se registraron en Oaxaca los asesinatos de 351 mujeres y ninas. Y menos de 20% de los responsables fueron detenidos.
Reportes de grupos internacionales de derechos humanos hablan de ""desarticulación"" entre las autoridades federales y estatales; la prensa ha dado, por su parte, debida cuenta de los choques por jurisdicción o por simples celos entre autoridades estatales y representantes del gobierno nacional. Esa situación es insostenible.
Si el asesinato de una persona, hombre o mujer, es reprobable, el ambiente de impunidad y epidemia de abusos y asesinatos contra mujeres se torna tanto más reprobable y urgente de perseguir.
Para nadie es un secreto que miles, tal vez millones de familias son encabezadas por mujeres y su creciente papel en la economía y en la sociedad mexicanas cada día es más relevante.
Más grave aún es el hecho de que ese tipo de crímenes han permanecido tanto tiempo sin ser resueltos, a pesar de que las denuncias llevan ya más de una década.
El número de inculpados y exonerados es, como el de los homicidios, cada vez mayor. La manipulación de pistas por agentes u organismos ineptos o interesados en despistes ha sido también evidente, y en todo ello los gobiernos municipales, estatal y federal han exhibido sus carencias, sus debilidades y sus incapacidades.
En ese marco, tampoco es un secreto que hay sociedades en las que las mujeres son cada vez más la parte mejor educada, como comienza a ocurrir en Estados Unidos y otros países industrializados.
De hecho, un reporte reciente consignó que las familias dirigidas por una mujer conceden mayor importancia a la educación de los ninos.
Así, los feminicidios resultan simbólicos en muchos niveles. De la inseguridad para la sociedad a la discriminación contra un género; de la incapacidad gubernamental a la impunidad, sin olvidar la misoginia y la ignorancia.
Enfrentar y resolver el problema de los feminicidios resulta, pues, urgente. No sólo porque esas resoluciones implicarían un incremento en el nivel de seguridad, sino porque implicarían también el fin de la impunidad y, tal vez, sólo tal vez, de la impotencia de una sociedad que infortunadamente parece estar a merced de criminales de los tipos más diversos. (El Universal)
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