En un ambiente de cooperación, servicio y amor con la participación de sacerdotes, religiosas, seminaristas y un gran número de fieles que integran la Arquidiócesis de Tuxtla se llevó a cabo este domingo la celebración del “Día del seminario” en las instalaciones ubicadas en la colonia el Retiro al norte oriente de la ciudad.
Al igual que otros años, la conmemoración católica dio comienzo por la mañana, con la asistencia de sacerdotes, religiosas y laicos de diferentes parroquias y comunidades, quienes fueron recibidos por los jóvenes seminaristas.
En este evento también asistió el movimiento de Encuentro Matrimonial, participando al igual que otras comunidades.
Por la tarde se celebró como estaba programada la solemne Ceremonia Eucarística presidida por el Arzobispo Fabio Martínez Castilla, ordenándose diáconos a los seminaristas.
El Seminario Mayor ubicado en Tuxtla Gutiérrez, es el lugar considerado como el semillero de formación y selección de los candidatos al sacerdocio, fue fundado el 12 de febrero de 1967, y a la fecha ha egresado a más de un centenar de sacerdotes.
Anualmente un promedio de 48 jóvenes se incorporan al Seminario en Chiapas, de los cuales de tres a ocho logran su orden sacerdotal, luego de un proceso que puede durar de nueve a 14 años en las seis casas de formación con las que el catolicismo cuenta en Chiapas.
El camino empieza en las casas apostólicas, hay una en Tapalapa y otra en Villaflores, en donde los aspirantes a ser sacerdotes aún sin el deseo del ministerio sacerdotal, cursan la secundaria y reciben una formación espiritual; al concluir sus estudios, eligen entre integrarse al Seminario Menor o volver a la vida común.
En el Seminario Menor los jóvenes cursan las materias de cualquier preparatoria pública; la diferencia es que las actividades complementarias tienen un perfil humanístico, como talleres de psicología y de acompañamiento hacia el sacerdocio.
Al salir del Seminario Menor, los muchachos viven un año en “La Razón”, una finca en Cintalapa, en donde se favorece el silencio y la reflexión sobre si el camino que siguen es el correcto; al concluirlo son reconocidos con una sotana blanca, símbolo de su compromiso con Dios y de que son aptos para ingresar al Seminario Mayor.












