Oficialmente, al extraordinario yacimiento petrolero de Cantarell -que aporta casi la mitad de la producción nacional de crudo- le restan menos de siete anos para agotarse, y nuestras reservas totales apenas bastan para un par de anos más.
En vista del peso sustantivo que los ingresos del petróleo representan para la economía y las finanzas nacionales, reviste singular importancia abrir el debate sobre el futuro de Pemex con el bosquejo claro de lo que será la iniciativa de reformas a la ley, sin que implique enmiendas constitucionales.
Aunque la discusión pública se ha distorsionado por el enfoque de una privatización, que no parece estar considerada ni sería posible por el símbolo de soberanía nacional que el petróleo significa en México, hay materia para tratar con seriedad el tema.
El propio director general de Petróleos Mexicanos, Jesús Reyes Heroles, ha planteado eliminar la intervención de entidades ajenas a la empresa en decisiones técnicas y de negocios de ese organismo descentralizado y quitar rigidez a las modalidades de contratación de inversiones y servicios conexos.
También es necesario dar mayor autoridad al Consejo de Administración y afinar los procedimientos de control y fiscalización para que la rendición de cuentas y la transparencia contribuyan a preservar la naturaleza de la empresa.
Asunto relevante es la carga tributaria aplicable a Pemex, que cubre 40% del presupuesto nacional, aliviada algo en el 2005 y este ano.
Con sus utilidades recortadas en exceso, Pemex además debe asumir por sí sola tareas de exploración, explotación, transporte, refinación y distribución, que la tienen postrada, pues ha desatendido la búsqueda de más yacimientos y la construcción de refinerías.
Paradójicamente, Pemex sí puede asociarse en Texas con la Shell para refinar petróleo, a cambio de una cuota en especie. Tenemos la materia prima, pero pagamos porque la procesen afuera e importamos el producto.
Compartimos yacimientos petroleros transfronterizos con Estados Unidos. Sin embargo, perforar a más de 3 mil metros de profundidad en mar abierto requiere sistemas robotizados, a control remoto, con ayuda de información provista por satélites y en condiciones de altísima presión y temperaturas extremas que dificultan y encarecen los trabajos.
Hay unos 30 mil millones de barriles de petróleo en el Golfo de México, pero el porcentaje de éxito se reduce a 10% o 15%, en lugar del 40% y 50% en las exploraciones en tierra.
Los problemas se conocen; es necesario superar las diferencias en cómo encararlos. (El Universal).











