Fracaso y complacencia

"Mayté Noriega * El Universal. Esta semana quedó documentado el fracaso del Procampo y cómo, debido a la corrupción, la indolencia de la sociedad, la negligencia de las autoridades, la falta de transparencia y de una cultura de rendición de cuentas, este programa no ha hecho sino reproducir y en ocasiones magnificar el esquema de desigualdad y reparto injusto de la riqueza en nuestro país.

El estudio del CIDE coordinado por Mauricio Merino, que dio a conocer EL UNIVERSAL en una serie de reportajes, documenta el tráfico de influencias y la manera en la que los de siempre se reparten los beneficios de un programa orientado a sacar de la pobreza a los muchos a los que sólo llega una parte.

La vieja ecuación de 20-80, en la que el 20% de la gente (que menos lo necesita, por cierto) se reparte el 80% de la riqueza y al 80% restante se le entrega sólo el 20% de los recursos a repartir, se repite y explica por qué hoy los campesinos siguen siendo los más pobres de los pobres en nuestro país.

Sin duda, lo que más llamó la atención en todo esto fue el hecho de constatar que en el padrón del Procampo había prominentes políticos de ayer y de hoy, familiares de éstos e incluso familiares de conocidos narcotraficantes que llegaban a cobrar sumas exorbitantes de subsidio. Pero más allá de esto, lo que importa es el hecho de que hoy hay más pobres que hace dos anos, y si la crisis se prolonga y se pierden más puestos de trabajo, los porcentajes de pobres alimentarios -que aumentó de 13.8% a 18.2%- y de pobres de patrimonio -que aumentó de 42.6% a 47.4%, tan sólo de 2006 a 2008- seguirán creciendo y será imposible contener el descontento social.

Detrás de todo está la corrupción que lleva al tráfico de influencias, a la desviación de recursos, a la simulación y a la mentira que se perpetúan en un sistema en el que priva la opacidad y en el que nadie rinde cuentas.

El descubrimiento del escándalo del padrón del Procampo no sacudió, como hubiera sucedido en otras latitudes, a nadie. Unos porque lo imaginaban, otros porque sabían que se trataba simplemente de otro escándalo más de los que todos salen bien librados con una buena defensa jurídica si fuera el caso o con una buena dosis de cinismo, y otros porque saben que la inmoralidad no se castiga y el programa ofrecía los vericuetos suficientes para colarse en él dentro de los márgenes de lo legal.

La respuesta del gobierno federal fue la inmediata defensa del Procampo; incluso en ella se llegó al manejo equivocado de cifras para finalmente reconocer que había que depurar el padrón del mismo.

Habrá que hacerlo, aunque ello, como dice Ana Graciela Aguilar Antunano, directora en jefe de Aserca, citada por EL UNIVERSAL (30/VII/09), provoque más danos ""entre los miserables"" que han vendido sus tierras o las rentan o no siembran y no han dado aviso de ello, y por lo tanto tendrán que ser eliminados del programa, que si bien no ha hecho que el campo sea más competitivo, ha permitido que muchos campesinos encuentren en el subsidio un recurso fundamental para la subsistencia.

Por desgracia, todo parece indicar que la evidencia del fracaso del Procampo, a 15 anos de su aplicación, provocará solamente reformas cosméticas, que harán que se perpetúe el esquema de desigualdad que hoy constituye un riesgo real para la estabilidad social en México.

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