Francia ante su disyuntiva

"La Unión Europa se debate entre los últimos impulsos de la soberanía regional de cada uno de los 25 países que la integran y las aspiraciones de una formalización constitucional que le ofrecen un futuro de grandeza, prosperidad y mayor seguridad.

Mientras tanto, parece difícil de asimilar que la población de Francia, que fue la bujía de la integración europea, desde las primeras discusiones en los anos 50, pudiera mostrar alguna reticencia entre su electorado ante la consulta en torno de la aprobación de la Constitución de la Unión Europea hoy domingo.

Según los datos previos, los franceses, tal vez como una manera de manifestar su disconformidad ante el desempeno del presidente Jacques Chirac y de su primer ministro Jean-Pierre Raffarin, están dispuestos a votar marginalmente en contra de la Carta Magna europea; aquí se mezcla un voto de castigo a Chirac con un asunto aun más extenso, como es el de la integración constitucional europea.

Un tema que, por su parte, los alemanes ya han resuelto en favor del ""sí"" constitucional. Aunque también es cierto que la resolución alemana de ayer viene de meses atrás, pues esto ya se estaba cocinado y el procedimiento llevado a cabo en el Parlamento alemán era puramente protocolario, aunque casualmente resuelto unas horas antes de la decisión francesa, quizá para influir en el ánimo de los votantes galos.

Así, manana el electorado francés va a otorgar, o a negar, su apoyo a la Constitución de esa megaentidad geopolítica que es la Unión Europea. No obstante, a pesar del esmero que ha mostrado el coordinador principal del proyecto y quien redactó la Constitución, el abogado promotor del voto en favor de la iniciativa y ex presidente francés, Valery Giscard d`Estaing, la tendencia a votar en contra de la propuesta predomina todavía unas horas antes del procedimiento.

A muchos de los que se pronuncian en contra de la unión, les preocupa no sólo el rechazo en contra del gobierno neogaullista de Chirac, sino el temor de que Francia tenga que abrirse más aún a la demanda laboral y a la infiltración cultural de los países de la periferia europea, y también de la inmigración de gente que proviene más allá de la UE.

Les preocupa también que Francia vea diluida su jerarquía continental y que se esfume un sentimiento de soberanía que le permitió defender los ideales del humanismo y la democracia cuando la fiereza del autoritarismo estuvo a punto de acabar con la civilización en el continente. Francia se cree aislada en este sentido, sobre todo ante el alejamiento surgido con Washington a raíz de la invasión a Irak y la adhesión irreflexiva de la Inglaterra de Tony Blair, que no ha sido capaz de hacer una autocrítica por su apoyo a la desmedida aventura del presidente George Bush en el Medio Oriente.

Se ha criticado a la Constitución de la Unión Europea como una carta legal destinada a proteger los intereses económicos, y no a los ideales democráticos de Europa occidental y eso causa confusión. Ojalá y los franceses hayan dilucidado esto que pudo haber generado confusión, pues no son los intereses económicos los que se van a beneficiar, sino la posibilidad de que la Unión de su continente permita convertirlo en un punto de equilibrio mundial.

Los franceses han analizado con detenimiento la situación. Los pronósticos del posible rechazo a la aprobación de la ley parecen disminuir. En todo caso, el futuro de Europa estará en manos de los franceses. Deseamos que su decisión sea la más sensata. (El Universal).

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