Francia en Europa

"Francia se encuentra en Europa, nos dicen los manuales de geografía; los de historia también, pero de repente se siente la necesidad de revisar los de ciencia política, cuando a los franceses les entra la duda.

El próximo 29 de mayo tienen que votar a favor o en contra de la Constitución Europea. Esa Constitución hubiera sido ratificada sin el menor problema por el Congreso (todos los partidos, hasta los sindicatos, participaron a su redacción que fue bastante ecuménica, y tardada) pero resulta que al presidente Chirac se le ocurrió someter su aprobación al ""pueblo soberano"".

En aquel reciente entonces, todos los sondeos daban el ""sí"" vencedor sin el menor problema y el presidente esperaba de una pedrada matar dos pájaros: el ""sí"" a la pregunta: ""zAprueba usted el proyecto de ley que autoriza la ratificación del tratado estableciendo una Constitución para Europa?"" iba a reforzar su capital político.

La política del referéndum, aparentemente democrática, no lo es tanto y en Francia tiene un sabor napoleónico; quizá por eso, los franceses ven en el referéndum algo como una trampa y siempre evaden la pregunta que les plantean.

Me explico. Desde 1969, cuando un referéndum perdido provocó la renuncia del general De Gaulle, los franceses han tenido la costumbre de aprovechar la oportunidad, no para contestar a la pregunta, sino para manifestar su descontento, para hablar de otra cosa.

En el caso presente, cuando los franceses sorprenden, asustan, horrorizan a los otros europeos, al amenazar con un ""no"" mayoritario, más que rechazar a Europa, quieren dar una bofetada a sus gobernantes, empezando con un Jacques Chirac que cumplió la semana pasada 10 anos en la presidencia. Hasta el 30 de abril 22 sondeos consecutivos anunciaban la victoria aplastante del ""no"" en el referéndum del 29 de mayo. Después del 1 de mayo, por primera vez el ""sí"" pasa la barra de los 50%, gracias a una vigorosa ofensiva de los europeístas de izquierda como de derecha, gracias al consecuente repunte especialmente entre los electores de izquierda, los más renuentes a votar ""sí"".

Me tocó asistir en abril en Francia al pánico en el bando europeo; la división imperaba por todas partes menos en la extrema derecha del viejo Le Pen, en las extremas izquierdas y en lo que queda del partido comunista. Una extrana alianza contra Europa une esos defensores, quién de la ""Francia soberana"", quién del ""pueblo"", contra un complot de la internacional ""judía"" o ""capitalista"". Todos los demás: gobierno, derechas, socialistas, verdes se habían dividido y había sido imposible establecer un mínimo de disciplina, la división del partido socialista llegó a un grado tal que ha sido necesario el retorno de su ex primer ministro e infeliz candidato presidencial, Lionel Jospin, quien intervino el 28 de abril de manera brillante. Todos los partidos socialistas europeos vinieron luego a París para apoyar la rectificación.

Hay que reconocer que Francia, como sus vecinos, vive una experiencia única en ese gran laboratorio político, social y económico que es Europa; la construcción europea asusta en la medida en que puede significar la desposesión de los Estados y el opacamiento de las naciones. Sus efectos someten a dura prueba la llamada ""singularidad francesa""; pero zquién no es singular? ""?Como México no hay dos!"", y dicha singularidad se da en el seno de la singular, de la excepcional Europa, así que... La Unión Europea, hoy en día, es algo único, lo único nuevo en el mundo, una invención de cada día: de cinco miembros hace 50 anos, sobre un pacto económico limitado, se pasó a la Europa de los 12, 15, 25 y manana... zquién sabe? Y ese movimiento sin fin bien puede asustar. Se pasó a la apertura de las economías, se elabora un nuevo derecho europeo, circulan los trabajadores, los estudiantes, la única frontera está formada por los derechos del hombre y si Turquía entra en esa Europa, la Unión Europea tendr* una frontera común con... Irak. zNo es para dar vértigo?

Ese vértigo es precisamente lo que engendró desde los anos 90 la doble reacción alérgica del Frente Nacional a la derecha extrema y del trotskismo del otro lado. Si uno revisa las elecciones francesas, a todos los niveles, en los 15 últimos anos, encuentra siempre ese voto de protesta que va del neo-nazismo al antiglobalismo. En la campana para el inminente referéndum lo que llama la atención es la tentación por el ""no"" entre los socialistas. Se explica por su nostalgia del Estado-providencia. Además son sensibles a la tradición francesa de un Estado fuerte para una Francia poderosa. Víctor Hugo, partidario de Estados Unidos de Europa decía hace 150 anos: ""zEuropa, con París como capital!"". Jamás dijo un inglés: ""?Europa, con Londres como capital!"", ni un alemán dirá: ""?Europa, con Berlín como capital!"". Un líder socialista partidario del ""no"", ex primer ministro, ha llegado al extremo de decir que Francia debe tener la razón contra los otros 24 países de la Unión. Hace más de dos siglos, a la hora de su Revolución, los franceses se llamaron a sí mismos ""la Gran Nación"", y se consideraron, a veces se siguen considerando como una nación mesiánica, convencida de su ""destino manifiesto"", de su misión, de su excepcionalidad. Por eso les cuesta a muchos franceses aceptar la perspectiva de un Estado-nación europeo en detrimento de su propio Estado-nación; tienen una reacción social-patriota muy respetable pero, considero yo, rebasada por la realidad. No es posible apartarse de la historia y volver al país de nunca jamás. Además, el peligro frente a las amenazas del futuro y frente a los gigantes que son y serán Estados Unidos, China, la India, no es la construcción de un verdadero Estado europeo, son todo lo contrario: la incapacidad (hasta ahora) de aceptar y hacer aceptar a los Estados y a las naciones que conforman la Unión, todo lo que necesita una verdadera Unión, a saber, un ejército único, una diplomacia única, en una palabra un verdadero gobierno europeo.



Profesor investigador del CIDE.

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